EDITORIAL: Un PP en las últimas

Aznar y Rajoy | RTVE
Aznar y Rajoy | RTVE

La Audiencia Nacional sorprendía esta semana al Partido Popular con una condena de consecuencias incalculables. La trama Gürtel ha conocido un capítulo mas en su ardua prolongación, sumergida en complejas ramificaciones que implican al partido en su totalidad.

El tribunal condenó a Francisco Correa, al extesorero Luis Bárcenas y a su esposa, Rosalia Iglesias y a otros tantos cargos relevantes, evidenciando que la culpabilidad de los acusados dentro de la investigación es efectiva. A su vez, también aseguró que las apreciaciones apuntadas ante el juez por Mariano Rajoy, presidente del Gobierno y de los populares, no eran fiables, y que el PP era portador de una caja B. Una demostración palmaria de la corrupción estructural del partido gobernante y de la implicación de su líder.

A todo ello hay que sumar además la imputación del secretario de Estado de Hacienda, José Enrique Fernández de Moya, por falsedad y malversación y la detención de Zaplana. El insigne exministro de José María Aznar ha entrado en prisión acusado de delito fiscal y blanqueo de capitales, durante su etapa de presidente de la Generalitat valenciana, en el marco de la conocida como Operación Erial. Por si no fueran ya suficientes los desplantes de Aznar a Rajoy, ahora vuelven los fantasmas de su gobierno para poner en la picota al marianismo.

La ciénaga en la que se ha convertido el Partido Popular es ya mas que un caso aislado. Es simplemente el caso. No se duda de la honorabilidad de cientos de cargos y militantes, pero la prolongada justificación de los comportamientos corruptos por innación o directamente comunión, no se solucionan tan solo con un perdón. Rajoy debería irse y convocar un adelanto electoral. Tras su marcha, el PP habría a su vez de acometer la renovación mas ambiciosa de su historia. Lo que incluye no solo nombres, lemas o símbolos sino también principios, programa y código ético. Solo así lograran evitar que el megalómano Rivera no termine por arrebatarles el espacio ideológico.

La situación pese a todo no es la mejor, el presidente sigue aferrado a su silla, haciendo gala de su paralítico proceder político, viendo cómo el resto se enzarzan en luchas fratricidas por ocupar el poder y contentar a los electores. Nada nuevo bajo el sol en una degradada Democracia presa de la mediocridad, sectarismo e inactividad de parte de sus líderes. Pese a todo, la iniciativa de la moción puesta en marcha por Pedro Sánchez arroja algo de luz al oscuro panorama político español.

Sea por conquistar el poder a toda costa, algo legítimo, por permitir una alternativa socialista a Rajoy previa a las elecciones, o por ambas, la iniciativa del secretario general del PSOE es un movimiento inteligente y necesario. De ser aprobada, Sánchez deberá proceder a estabilizar la situación y a purificar todo lo posible el ambiente. Mas tarde, convocar elecciones anticipadas sería quizá la mejor manera de garantizar que los ciudadanos culminen el cambio de rumbo votando una opción que ya no será Rajoy.  De no ser aprobada, lo cierto que nadie podrá decir que no lo intentó, quedando Iglesias y Rivera una vez mas retratados, impidiendo unos el viraje a la izquierda y los otros la tan ansiada regeneración.

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