EDITORIAL: Sentido de Estado

RTVE

La política española ha fracasado de forma estrepitosa. La falta de diálogo entre el Gobierno central y la Generalitat de Cataluña nos está avocando a una situación de caos y emergencia insólita. A la falta de diálogo entre las partes habría que añadir la inacción de Mariano Rajoy ante el desafío secesionista.

La parsimonia del Presidente resulta incomprensible dado el clima de crispación en las calles. En las jornadas posteriores a la votación ilegal del 1 de octubre se han vivido episodios muy preocupantes de acoso a la Policía Nacional y a la Guardia Civil, obligándoles en algunos casos a abandonar los hoteles en los que estaban alojados.

El inmovilismo puede acarrear importantes dolores de cabeza a Mariano Rajoy. Dadas las circunstancias, ya no hay negociación posible, solo cabe el cumplimiento estricto de la ley y eso naturalmente está en manos de jueces y fiscales.

Sin embargo, el enfrentamiento entre españoles la desconexión con buena parte de Cataluña es un hecho insalvable. No cabe duda, los culpables de provocar una situación de bloqueo son Juntos por el sí y la CUP. El separatismo viene aprovechando desde hace tiempo la dejación de funciones desde Madrid para manipular a millones de ciudadanos.

La incapacidad desde la oposición a la hora de mantener una respuesta unánime al órdago secesionista, da muestra de la irresponsabilidad de la actual clase dirigente. Focalizar los graves sucesos del 1-O en las cargas policiales es caer en la trampa de las corrientes populistas.

Plantear en estos momentos la reprobación de la Vicepresidenta del Gobierno da cuenta de las altas dosis de sectarismo y oportunismo imperantes. Los ciudadanos precisamos de políticos proclives a tejer consensos, cuyo Gobierno adopte medidas firmes y mesuradas para preservar la convivencia.

Solo demuestran sentido de Estado aquellos que exigen la aplicación del artículo 155 de la Constitución. El secuestro de las instituciones practicado desde la cámara autonómica, convierte en cuestión inexorable la intervención del Gobierno central.

La alocución lanzada esta semana por el Rey refleja la excepcionalidad de la situación y el serio riesgo de fractura que padece nuestro país. Las palabras de Felipe VI recriminando la deslealtad del independentismo al Estado y exigiendo la restauración del orden constitucional, sirvieron de bálsamo en una nación necesitada de grandes respuestas ante grandes desafíos.

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