EDITORIAL: RTVE, un maltrato sin fin

Edificio Torrespaña RTVE | Wikipedia
Edificio Torrespaña RTVE | Wikipedia

Antes de la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa, la renovación de RTVE se había convertido en una de las cuestiones que más importancia habían tomado a nivel social. En un reciente editorial de EL ROTATIVO previo a la investidura, ya se resaltaban con diferentes ejemplos las visibles y razonadas protestas de los trabajadores del ente público.

Unas peticiones que no han cesado de producirse desde hace meses para llamar la atención del ciudadano y de la clase política ante los graves problemas que sufre la corporación. Durante el prolongado ejecutivo de Mariano Rajoy, la televisión y radio públicas sufrieron graves ataques a su pluralidad, materializados en la eliminación de la elección democrática de los cargos de dirección, la manipulación editorial y la degradación de contenidos y profesionales, registrando uno de los índices de audiencia más bajos que se recuerdan.

El nuevo tiempo que se abría con los socialistas, marcado en palabras del presidente por la “transparencia” y la “regeneración”, parecía terminaría por desatascar la situación, logrando purificar RTVE en favor de la ciudadanía. No ha sido así, al menos por el momento. Hoy, un mes después de ser investido, Sánchez e Iglesias, socios de gobierno preferentes, han decepcionado. Y no será fácil recuperar la credibilidad.

La filtración de diferentes candidatos a la presidencia con un marcado sesgo ideológico, así como de sonrojantes conversaciones privadas entre éstos y los negociadores, evidencian que no existe interés alguno en responder de forma adecuada a una realidad apremiante. Que solo se busca satisfacer egos y sectarismos particulares. En resumen, cambiarlo todo para no cambiar nada.

No se duda de la profesionalidad de periodistas como Arsenio Escolar o Andrés Gil, de trayectorias intachables, pero resulta denigrante que se vean envueltos en un auténtico mercadeo político-mediático que no hace más que dañar la imagen de las instituciones, incluida sin dudarlo la propia RTVE. ¿Acaso no existen grandes nombres con experiencia en el mundo audiovisual que no respondan directamente a intereses políticos? Se da por hecho que sí. Pero Podemos ha preferido ir por la vía rápida, que el gobierno ha tolerado, imponiendo sus propias candidaturas sin pensar en el bien común.

España ha cambiado. Las exigencias son diferentes y sin duda mayores. La corporación no puede seguir siendo el cortijo del partido de turno con el dinero de todos. Hay gran talento dentro de RTVE que debe encargarse de realizar la transición hacia un modelo más parecido al de la BBC que al de los tiempos del blanco y negro. Sánchez e Iglesias, junto con los demás grupos han de una vez por todas pactar un candidato de consenso. Es ahora o nunca. El reloj sigue corriendo. Tic. Tac.

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