EDITORIAL: Presupuestos en clave preelectoral

Mariano Rajoy y Albert Rivera | VozPopuli
Mariano Rajoy y Albert Rivera | VozPopuli

El pasado martes, que como señala el dicho no es jornada propicia para emprender, presentó el Gobierno al fin su proyecto de Presupuestos Generales del Estado. La curiosa coincidencia nunca fue mas acertada. Cristobal Montoro mostraba a los medios y por ende al país unas cuentas que, sin todavía suficiente apoyo, el del PNV es clave, parecen por ahora encaminadas al fracaso.

Pese a la oposición de PSOE y Podemos, y a la sorprendente aunque entendible negativa de los nacionalistas vascos, que juegan la carta independentista catalana para exigir mayores privilegios regionales, lo cierto es que Rajoy ha salido de su clásico inmovilismo y ha presentado finalmente un proyecto presupuestario. El movimiento no es casualidad. El presidente sabe que 2019 se antoja año electoral, lo que unido a las cada vez mas fuertes protestas de sus principales electores, los jubilados, han logrado despertarle de su prolongado sueño presidencial.

Diferente es el caso del dinámico aunque poco eficaz Rivera. El presidente de Ciudadanos, seguro de su papel supervisor, aunque poco docto en la toma de decisiones verdaderamente efectistas, ha continuado su periplo populista haciendo suyas medidas ya presentadas por otros grupos o sumándose al carro de la oportunidad coyuntural, apoyando sin demasiadas condiciones al Gobierno, para ganar enteros entre sus cada vez mayores potenciales votantes, según los últimos sondeos. Un quiero y no puedo, un ni contigo ni sin ti, que puede terminar por deslucir su carrera electoral.

Las propuestas presentadas, buena parte de marcado carácter social, a excepción de algunas sonrojantes como la excesiva inversión en Defensa, para contentar quizá a parte de sus electores, representan, leídas al detalle, la demostración del fracaso de una forma de hacer política. La subida de las pensiones, tan esperada, tranquiliza a los jubilados, pero no resuelve los problemas estructurales del sistema público de pensiones. Ni rastro de una reforma ambiciosa en el horizonte que valore el marcado envejecimiento de la población. En el caso de los funcionarios, pese a la rimbombancia del anuncio, lo cierto es que la subida es en realidad una pequeña devolución del poder adquisitivo perdido por uno de los colectivos laborales mas castigados por los recortes populares. Otras partidas de interés como las de dependencia o violencia de género, aunque suben, apenas se acercan a lo pactado en un principio. Todas estas objeciones sumadas a la falta de inversión y a una limitada capacidad redistributiva de la riqueza, récord según el ejecutivo, pero mal repartida según las organizaciones sociales, convierten el proyecto de presupuestos del 2018 en tan solo un brindis al sol de los partidos conservadores.

España se juega mucho. Tanto el Gobierno como la oposición tienen que ser conscientes de que la aprobación de los presupuestos es condición sine qua non para lograr apuntalar el crecimiento del país. Sin inversión no hay oportunidades. De nada sirve que crezca el PIB por encima del resto de socios europeos si ello no se traduce a su vez de mejoras reales en la vida de la gente. Pero a la vez éstos no pueden convertirse en una herramienta para que las formaciones derechistas intenten ganar puntos en la futura carrera electoral.

Hacen bien Podemos y PSOE de criticar con intensidad los presupuestos, pues son mejorables, y quizá también el PNV, exigiendo su parte del pastel no a cualquier precio. Habrán, eso si, saber jugar en la arena política, priorizando la negociación al bloqueo por el bloqueo, convirtiéndose en elementos útiles que puedan conseguir correcciones progresistas que trasladen la bonanza económica al común de la sociedad. Los números son los que son, por tanto el mejor papel que pueden desempeñar hoy las fuerzas izquierdistas, en especial los socialistas, es el de control del ejecutivo y presentación de propuestas diferentes en firme. Los conservadores se entenderán seguramente al final entre sí, pero la izquierda logrará, en definitiva, dar al menos la batalla por unos presupuestos que antepongan los intereses del país a las luchas partidistas, logrando un impacto positivo real que satisfaga a los ciudadanos.

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