EDITORIAL: Podemos emborrona el homenaje a la democracia

El solemne acto conmemorativo del cuadragésimo aniversario de las primeras elecciones generales fue acogido por las Cortes Generales como un homenaje a la concordia lograda en nuestra sociedad desde aquel tiempo, sin embargo, la cita estuvo marcada por la discordia. Sí, estuvo marcada por la discordia porque Unidos Podemos se dedicó a empañar el legado de los forjadores de la democracia mediante la división, la bronca, la crispación que tan bien se le da protagonizar a nuestro país.

Pablo Iglesias y sus compañeros sacaron la artillería pesada de la antiquísima izquierda negándose a aplaudir el mensaje lanzado por el Rey Felipe VI, puesto que no aludió de manera directa en ningún momento a las víctimas del franquismo, aunque se entiende que la puesta en valor del espíritu de aquellos actores que hicieron posible el actual marco de convivencia también iba referida hacia ellos.

Más allá de las puras anécdotas, resulta preocupante el caldo de cultivo generado en los últimos seis años, desde la aparición del Movimiento 15-M observamos como hay quienes ponen en tela de juicio el sistema de 1978, el mayor periodo de paz y prosperidad conocido en España. Sin duda, no faltan motivos para la suspicacia y la exigencia de responsabilidades a una clase dirigente e instituciones que en muchas ocasiones no han estado a la altura de las circunstancias, pero hay que ser muy cautelosos a la hora de cuestionar el sistema.

Causa enorme estupor que ciudadanos nacidos y educados en democracia adopten actitudes revanchistas y pretendan reabrir viejas heridas que han causado gran dolor en nuestro país, inquieta que buena parte de la clase política actual centre más su discurso en hechos que ocurrieron hace más de ochenta años que en la actualidad, pues no sobran problemas precisamente. Sufrimos altas tasas de desempleo, precariedad laboral, desigualdad en materia de derechos sociales, problemas medio ambientales, suficientes adversidades como para perdurar en rencillas del pasado, que además resolvieron con buen criterio nuestros padres y abuelos. El acto realizado ayer quedará además lastrado por la ausencia del Rey don Juan Carlos, cuyas cuestiones protocolarias le impidieron ser participe de la sesión. Craso error cometió la Casa Real no invitando al rey émerito, uno de los principales forjadores de la democracia junto a Adolfo Suárez y Torcuato Fernández-Miranda.

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