EDITORIAL: Nazis en el Bundestag

FABRIZIO BENSCH | REUTERS

Angela Merkel revalida su cuarto mandato al frente del Gobierno alemán, sumará en total dieciséis años al frente de la cancillería. La victoria queda ensombrecida porque las dos fuerzas que tejieron la gran coalición, democristianos y socialdemócratas, obtuvieron los peores resultados de su historia y los malos presagios se han hecho realidad: Los ultra derechistas de Alternativa por Alemania entran por vez primera en el Bundestag y lo hacen posicionándose como la tercera fuerza, por detrás de estos quedan liberales, verdes y comunistas.

Alemania puede permanecer tranquila, continúa sin desviarse de la senda de estabilidad, el auge económico está haciendo mella y las reformas surten efecto en el motor de Europa. Pero no conviene bajar la guardia porque el temporal todavía sigue revuelto, los bolsillos de las clases más humildes permanecen resentidos, la desconfianza, el hartazgo ciudadano ante unos dirigentes demasiado ensimismados en las cifras y en la pura burocracia, está sacando lo peor de las sociedades desarrolladas.

Los expertos afirman que la conquista de los nazis en el parlamento germano es consecuencia de la política en materia de refugiados llevada a cabo por Merkel. Sí, tal vez esa sea la principal de las razones, pero no podemos caer en el simplismo ante un asunto complejo. Deberíamos reflexionar y analizar de manera exhaustiva los motivos que empujan a una parte nada desdeñable de los alemanes a confiar su voto en extremistas, a pesar de la trágica historia que llevan sobre sus espaldas.

Posiblemente el olvidarse de los perdedores de la crisis ha provocado que algunos ciudadanos acabasen votando con las tripas. Recordemos que los impulsores de Alternativa por Alemania a parte de culpar a la inmigración de todos los males, también señalan a los partidos tradicionales como responsables de su perdida de nivel adquisitivo. En tiempos de desafección y de desigualdad instalada en muchas casas, la socialdemocracia tiene la oportunidad de jugar un papel clave en la reconstrucción de la Europa del estado de bienestar y de los valores. Es un acierto que Martin Schulz se niegue a reeditar la gran coalición para centrarse en hacer una oposición constructiva.

Ahora veremos lo interesante de formar ejecutivo entre conservadores, liberales y verdes, hecho insólito e imaginamos repleto de vicisitudes, veremos también si recobra fuerza el centro izquierda en la oposición y también como se sostiene en el hemiciclo un partido de las características de AFD.

Confiamos en el pragmatismo que siempre ha acompañado a Merkel y en líneas generales a la sociedad alemana, de sus logros dependerá el devenir de los próximos años en la Unión Europea. Merkel y Macron se enfrentan al reto de poner punto final a los malos augurios y oxigenar a una Unión Europea que merece gozar de su mala salud de hierro durante muchos años.

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