EDITORIAL: Mandato breve, pero intenso

Susana Vera (Reuters)

Fallece el Fiscal General del Estado, José Manuel Maza, a los sesenta y seis años de edad en Buenos Aires a consecuencia de una insuficiencia renal. El magistrado se sintió indispuesto el pasado viernes cuando se celebraba la Asamblea de Ministerios Públicos Iberoamericanos. El ministro de Justicia, Rafael Catalá, y a continuación el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, han sido los primeros dirigentes en anunciar su fallecimiento y en dar muestras de agradecimiento al señor Maza por los servicios prestados. Acto seguido los líderes de los principales grupos parlamentarios han ofrecido sus condolencias a través de las redes sociales.

La jefatura de la Fiscalía General del Estado la asumirá Luis Navajas, teniente fiscal del Tribunal Supremo, de acuerdo con el estatuto orgánico del Ministerio Fiscal. El Rey será quien nombre a su sucesor, a propuesta del Gobierno tras las valoraciones al respecto del CGPJ y de la Comisión de Justicia del Congreso. Eso sí, la opinión de dichos órganos no es vinculante, aunque suele ser tenida en cuenta. La muerte de Maza se produce tan solo un año después de ser nombrado en el cargo, fue una de las primeras decisiones adoptadas por el actual ejecutivo una vez Mariano Rajoy logró ser investido.

Sin embargo, su corto periodo al frente del Ministerio Público podría calificarse de intenso por cuentas controversias tuvo que afrontar en una etapa de turbulencias en la vida pública española. Ingresó en la carrera judicial en 1975 y era considerado un juez conservador y una persona en sintonía con el Gobierno, teniendo en cuenta las discrepancias que generaron sus antecesores Consuelo Madrigal y de manera especial Eduardo Torres Dulce. Cercano al titular de Justicia, siempre actuó como verso suelto dentro del Supremo. En 2012 emitió el único voto particular de la sala contra la sentencia absolutoria de Baltasar Garzón en la investigación de los crímenes del franquismo y votó a favor de admitir a tramite la querella por malversación contra el expresidente del Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Divar, recientemente fallecido. Sin duda, pasará a los anales de la historia reciente del país por su relevante tarea en materia anticorrupción y su pulso al independentismo.

Su imagen pragmática posiblemente se viese lastrada por los acontecimientos acaecidos en los últimos meses. La defensa férrea del papel ejercido por el jefe de Anticorrupción, Manuel Moix, quien se vio obligado a dimitir al conocerse que compartía una sociedad en Panamá, supuestamente entorpeció las investigaciones en el Caso Lezo e incluso escuchamos a través de grabaciones difundidas por los medios de comunicación como Ignacio González y Eduardo Zaplana se jactaban de su nombramiento, resquebrajaron la credibilidad del poder judicial. Por vez primera un Fiscal General era reprobado por el Congreso de los Diputados acusado de obstaculizar las investigaciones de tramas de corrupción.

El trabajo realizado en todo lo relacionado con el desafío separatista de Cataluña, una de las mayores amenazas del Estado, resulta irreprochable. Nadie puede negar la absoluta independencia en este asunto, pues las tesis del Ministerio Público no ya solo han sentado como un jarro de agua fría entre los secesionistas y sus secuaces, también en el seno del Gobierno, que desearía mayor tibieza por parte del órgano. Maza fue consecuente desde el momento inicial y dio respuesta judicial a un problema que podría haber sido solventado antes a través de los cauces políticos, quizá por falta de valentía y por dejadez no lo fue.

José Manuel Maza firmó las querellas por rebelión, sedición y malversación contra los miembros del Govern destituido en la Generalitat. A partir de hoy, una vez sus restos mortales sean repatriados a España y su figura sea honrada como se merece, se abre de nuevo el melón en la jefatura de la Fiscalía, además en un momento repleto de convulsiones y turbulencias. Quien le sustituya va a tener que armarse de valor y de arrojo ante los escenarios peliagudos que le deparen.

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