EDITORIAL: Los atentados visibilizan una España politizada

EFE

Los brutales atentados yihadistas ocurridos el pasado 17 de agosto en las localidades catalanas de Barcelona y Cambrills han impactado a la sociedad española, como también lo hicieron los del 11-M de 2004 en Madrid, generando grandes reacciones de afecto a Cataluña. Las muestras de cariño hacia las víctimas y de condena hacia el terrorismo, no han impedido, eso si, que el debate volviera desgraciadamente a quedar deslucido por la desafortunada politización de la tragedia.

Ya pocas horas después de producirse los ataques, cuando todavía costaba asimilar la dureza de las imágenes que llegaban de Las Ramblas y el paseo marítimo cambrilense, sorprendía la división política de las administraciones catalana y estatal. Tanto el president. Carles Puigdemont, como el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, comparecían de forma independiente, pese a encontrarse ambos en Barcelona, acompañados tan solo de sus sendos equipos, visibilizando claramente sus diferencias.

Al día siguiente, en el marco de los actos públicos de condena, minuto de silencio incluido, ambos líderes tuvieron que hacer de tripas corazón en la Plaza de Cataluña para acompañar al Rey y el resto de ciudadanos. Un momento de ejemplarizante concordia y diplomacia, que llegó a convencernos de que los atentados podrían hacer olvidar las tensiones territoriales entre Madrid y Barcelona.

No fue así. Si bien la ciudadanía, en especial la barcelonesa, dio ejemplo de entereza y solidaridad sin ambages, la política frentista, pasados los eventos mas relevantes, comenzó una lucha encarnizada por culpabilizarse mutuamente, con especial ahinco en el caso catalán. La Generalitat, con el conseller de interior, Joaquim Forn, a la cabeza, pronto comenzó a destacar las diferencias entre catalanes y el resto de españoles, llegando incluso a hacer diferenciaciones entre víctimas, y obviando deshonestamente el trabajo del resto de cuerpos policiales españoles. Un proceder muy peligroso que dinamitó los aires de fratenidad.

A la polémica policial artificial creada para dividir, inexistente entre sus propios miembros, con un intachable comportamiento, se unieron además las declaraciones de Puigdemont al diario Financial Times, donde culpó al gobierno español de torpedear las investigaciones. Una salida de tono vergonzosa que confirmó, por si todavía quedaban dudas, hasta que punto está siendo pervertido el debate público en España.

Por si fuera poco, en la masiva manifestación que se celebró ayer en la ciudad condal contra el terrorismo, y añadiendo mas leña al fuego, algunos colectivos como la ANC o la CUP aprovecharon para reclamar la independencia llenando de inadecuadas esteladas Barcelona. A su vez, estas fueron contestadas con alardes de españolismo, generando aún mas confrontación. La politización acabó así por enfangar una marcha organizada únicamente para honrar a las víctimas y recordar lo que nos une, no lo que nos separa.

Vistos los acontecimientos, es necesario pedir a las autoridades políticas, en especial a la Generalitat, que entren en razón. Por muy legítímas que sean sus demandas, intentar aprovechar una tragedia para ganar tiempo en la conquista de sus intereses resulta frívolo y censurable. Además, es necesario pedir también al gobierno español que no se deje llevar por las reacciones airadas, como las alentadas por algunos opinadores y medios, que en nada ayudan en momentos delicados, y apueste por apropiadas acciones pragmáticas como las demostradas por el jefe del Estado, Felipe VI, o el presidente del gobierno, Mariano Rajoy.

El Rotativo

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