EDITORIAL: Felipe VI: Firme, mesurado y cercano

El pasado 24 de diciembre el Rey don Felipe VI se dirigió a los ciudadanos como cada año para hacer balance del funcionamiento de la vida pública y felicitar las navidades. En los once minutos de alocución, el monarca tan solo tardaría once minutos en citar la palabra Cataluña, asunto al que se refirió una vez remarcó los problemas y los retos a los que nos enfrentamos en un periodo de convulsión e incertidumbre como el actual.

Su tono fue prudente, sereno y firme, cumpliendo con sus deberes como Jefe de Estado de una monarquía parlamentaria. Puso en valor los logros alcanzados en los últimos cuarenta años, refiriéndose al intento de golpe de Estado del 23-F, al ingreso de España en la Comunidad Económica Europea y a la derrota del terrorismo de ETA. Eso sí, no evitó hacer autocrítica al reconocer que se habían cometido errores a lo largo de este tiempo, sin concretar cuales.

A partir de ahí dedicó buena parte de la intervención a la importancia de respetar la legalidad constitucional porque sin ella desaparece el estado de derecho y por ende la igualdad y la justicia. Aprovechó la reciente cita con las urnas en Cataluña para hacer una invitación al diálogo entre todas las partes, instando a los representantes a velar por los intereses de todos los catalanes, impidiendo mayor confrontación hasta el punto de que familiares y amigos rompan relaciones por sus ideas. Afirmó que la Unión Europea se hallaba en una encrucijada histórica, alusión velada al Brexit, e insistió en la revitalización del proyecto europeo en el que España recupere su protagonismo. Dedicó unas afectuosas líneas a las víctimas de los atentados yihadistas perpetrados en Las Ramblas de Barcelona y el paseo marítimo de Cambrils. El discurso tuvo un marcado cariz social, citando a los parados y a todas aquellas personas sufridoras de los coletazos de la crisis, pese a la mejora sustancial de la economía y al fomento del empleo. Hubo espacio para el medio ambiente, incidiendo en la necesidad de acometer medidas que lo preserven y antes de finalizar lanzó un alegato en defensa de las mujeres asesinadas a causa de la violencia de género.

Como no podría ser de otra manera, don Felipe VI estuvo mesurado en sus palabras, tomando un papel conciliador ante el conflicto secesionista y naturalmente teniendo como línea roja el cumplimiento de la ley. Abriendo la puerta de modo implícito a una reforma constitucional, al subrayar que “nadie desea una España paralizada o conformista”, sino una España “dispuesta a evolucionar y adaptarse a los nuevos tiempos” que hay que construir “mejorándola y actualizándola”. Demuestra su conocimiento de la realidad existente en la calle, cuando resalta la pluralidad de ideas y de sentimientos en nuestro país, cuando se preocupa del quebranto de la convivencia tras cuatro décadas de paz, estabilidad y prosperidad y sobre todo empatiza con la ciudadanía al visibilizar cuestiones como la crisis, el desempleo y la corrupción, los principales asuntos que interesan a los españoles, según el CIS. Las fuerzas constitucionalistas han dado buena nota al mensaje del Rey, solo los populismos que pretenden erosionar el modelo establecido, deciden tildarlo de lejano y antediluviano en un intento por deslegitimar su figura y la democracia a la que representa.

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