EDITORIAL: En el baúl de los recuerdos

EFE

Con permiso de Cataluña, el asunto a tratar por antonomasia desde hace mucho tiempo, esta semana vamos a abordar otras cuestiones que también son de actualidad y la guerra de banderas los ha metido en el baúl de los recuerdos. Además de la encarcelación de los exconsejeros del Govern, de la declaración de Puigdemont ante la justicia belga y del todos a una protagonizado por 200 alcaldes independentistas en Bruselas, estos días han ocurrido más asuntos.

En Estados Unidos regresa el eterno debate sobre la venta de armas tras la matanza ocurrida el pasado domingo en una iglesia baptista de Texas. Un exsoldado norteamericano utilizaba su pistola para asesinar a veintiséis personas. Donald Trump protagoniza la gira internacional más larga en Asia-Pacífico con las aguas aparentemente calmadas en lo relativo a las hostilidades con Corea del Norte y por ahora ciñéndose al protocolo.

Reino Unido se tiñe de negro ante la muerte repentina de uno de los dirigentes laboristas en Gales, al parecer se habría suicidado después de ser despachado del partido y cesado de las funciones de carácter ejecutivo por salir salpicado en un escandalo sexual. A los quebraderos de cabeza de Teresa May en materia del Brexit habría que sumar la cascada de testimonios de víctimas de abusos sexuales, llegando a señalar a su número dos en un gobierno que salió debilitado de las elecciones celebradas el pasado mes de junio.

Las portadas de rotativos internacionales se han impregnado de nombres salpicados por los Papeles del Paraíso, entre los personajes más celebres, la reina Isabel II, el piloto de Formula 1, Lewis Hamilton y en España, el exalcalde de Barcelona, Xavier Trias y el músico José María Cano.

Aun siendo legal buscar las triquiñuelas posibles para evadir impuestos, lo cierto es que eso dice mucho de la ética de algunas de las personalidades que amasan verdaderas fortunas así como de los dirigentes políticos a nivel mundial. Siguen mirando hacia otro lado, sin poner coto a la mayor de las injusticias. Estos días es muy comprensible que la ciudadanía de a pie observe la prensa indignada, ellos pagan religiosamente sus impuestos, mientras que los más ricos deciden de manera impune eludirlos. Ahí es donde se radicaría la brecha de la desigualdad de clases y donde muchos de nuestros problemas dejarían de existir.

Causa estupor y a la vez exasperación saber que el Congreso de los Diputados acogió la pasada semana una comisión de investigación acerca de la trama Gürtel, uno de las mayores casos de corrupción que acecha a nuestro país.

El inspector jefe de la UDEF admitió que se recibieron presiones para desestabilizar la investigación y que había indicios de que Mariano Rajoy recibió dinero negro. ¿Cómo es posible que no sea el tema central de los informativos?, ¿Cómo es posible que la corrupción se dé por amortizada?, ¿Cómo es posible que los votantes penalicen más al Partido Popular por su tibieza en Cataluña en vez de por los latrocinios que le rodean?

Manifestarse en defensa de la unidad de España es entendible e incluso necesario en momentos como los actuales, pero no estaría de más que la ciudadanía lo hiciera con el mismo entusiasmo cuando de exigir pulcritud a sus señorías se refiere. Eso también es defender la democracia y el estado de derecho

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