EDITORIAL: El PP, ante el reto de encontrarse

Sede oficial del Partido Popular en Madrid | Wikipedia
Sede oficial del Partido Popular en Madrid | Wikipedia

Cerrada ya la etapa marianista, donde el hasta ahora presidente desarrolló cómodamente su particular estilo de dirigir, paralítico, despreocupado y efectivo, en el PP suenan acordes de cambio. Y parece que va en serio. La llegada repentina del socialista Pedro Sánchez a La Moncloa, que ha sorprendido a los populares descabezados, tras la renuncia de Rajoy, ha hecho saltar las alarmas en Génova 13.

La decisión del líder saliente de abrir el partido a la convocatoria de primarias, eliminado el clásico “dedazo” que tanta chanza y molestia generó entre sus adversarios, inicia una nuevo ciclo desconocido para los conservadores, que puede conducirles a un inédito enfrentamiento de consecuencias todavía imponderables.

El bautizo de las candidaturas, siete en total, todo un logro al tratarse del PP, ha inaugurado la batalla democrática por el liderazgo que decidirá los designios de la derecha española en el futuro más inmediato. Cabe recordar, eso sí, que el recién estrenado procedimiento acordado incluye segunda vuelta, donde votan los compromisarios, lo que puede decantar el resultado en base a intereses alejados de los militantes.

En el camino destacan, como suele ocurrir en estos procesos, varias caras visibles que van a ser las que se disputen realmente el poder. Mª Dolores de Cospedal, hasta hace unos días secretaria general y mando en plaza orgánico, Soraya Sáenz de Santamaría, exvicepresidenta y mujer fuerte del gobierno y Pablo Casado, exvicesecretario de comunicación, parten con ventaja en una batalla donde los egos, rencores e intereses individuales y colectivos son los protagonistas.

El no del presidente gallego Feijoo ha descolocado y precipitado una especie de triunvirato. Mientras Cospedal y Sáez de Santamaría, enfrentadas ambas en su día por agradar a Rajoy, simbolizan el continuismo, con estilos más o menos pragmáticos, el segundo supone el cambio, recuperando las esencias clásicas y desacomplejadas olvidadas, que catapultaron a Ciudadanos.

Aún es pronto para valorar apoyos, más si cabe en un partido acostumbrado al secreto y la opacidad, pero todo parece indicar que serán Cospedal y Casado los firmes representantes de los dos bandos, con Santamaría como árbitro. La primera, adalid del aparato, el segundo, el deseado por el electorado.

La preponderancia orgánica, antaño valedora de la unidad y estabilidad de los populares, puede en este nuevo tiempo convertirse en el talón de Aquiles de un partido sediento de poder. Será la formación la que finalmente decida, pero hay mucho en juego. Si la votación la gana finalmente una candidatura impuesta por la dirección, dejando a un lado la ideología y continuando el tecnocrático legado de Rajoy, el PP corre el riesgo de no encontrarse. De ser incapaz de rescatar los valores que le hicieron triunfar con el histriónico Aznar. Si ocurre, tanto Rivera como Sánchez dormirán tranquilos, pues habrán sido bendecidos por un rédito electoral inigualable. Y el PP, será quien sabe si condenado definitivamente al ostracismo. Veremos.

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