EDITORIAL: El Kennedy francés

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La victoria de Emmanuel Macron en las presidenciales francesas, dota de oxígeno a una Europa sufridora de varios sobresaltos en poco tiempo como el Brexit o la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y entierra los fantasmas del pasado.

Ahora bien, ¿Cuánto durará el romanticismo en torno al joven y guapo Presidente de la V República? Recordemos las ilusiones y las esperanzas que suscitaba hace un lustro Francois Hollande, se hablaba de él como el impulsor de las políticas socialdemócratas en la Unión Europea, como el acicate de Angela Merkel y al final poco a poco se fue desinflando su popularidad al verse obligado a adoptar las directrices basadas en ajustes económicos a una población cada vez más mermada en materia de derechos sociales.

Por lo tanto, sin intención de caer en el desanimo, creemos que conviene ser cautelosos, ser pragmáticos y mantener la mesura en lo que respecta a la figura de Macron. De momento, insistimos, su triunfo en las urnas se traduce en un alejamiento de los fantasmas del pasado, el hachazo al totalitarismo, a la xenofobia, al nacionalismo euroescéptico y eso, sin duda, es muy positivo.

Ahora bien, no podemos bajar la guardia porque Marie Le Pen ha logrado resultados nada desdeñables y la posible refundación del Frente Nacional podría tambalear lo establecido. Macron afronta además retos de enorme calado desde ya mismo: ganar las legislativas de junio, tarea nada fácil para un movimiento sin cuadros, mantener su firmeza en las citas con la Unión y no rodearse de aquellos que puedan generarle mala imagen, por ejemplo, Manuel Valls.

Los partidos tradicionales también deberían hacer una profunda reflexión acerca de los motivos que los han llevado al desastre, algunos casi a caer en la irrelevancia, ayer empezaban los movimientos en el Partido Socialista y en Los Republicanos, tal vez unos cuantos se muden a En Marche dadas las circunstancias.

Desconocemos el tiempo que durará la popularidad del nuevo inquilino del Eliseo, lo que está claro es que su triunfo significa un cambio de ciclo en la política y las formaciones clásicas se hallan en la siguiente disyuntiva: Renovarse o morir.

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