EDITORIAL: Efecto rebote

EFE

Arranca el curso político con tres cuestiones fundamentales, dos de ellas ya nos venían acuciando antes de marcharnos de vacaciones: La cuestión separatista de Cataluña y la corrupción del Partido Popular. Sin embargo, ambas han quedado relegadas a un segundo plano debido a los terribles atentados perpetrados en Cataluña el pasado 17 de agosto. Conviene puntualizar que la urgencia que requiere abordar el terrorismo yihadista no justifica en ningún caso olvidarse de las demás tareas pendientes. El Gobierno ha de tomarse en serio la lucha contra la corrupción, uno de los problemas que más preocupan a los ciudadanos, según el barómetro del CIS. El Partido Popular no puede continuar escurriendo el bulto, utilizando el clásico mantra del y tú más y vanagloriándose de seguir siendo la primera fuerza política en el Parlamento.

Mariano Rajoy y su equipo deben asumir sin medias tintas la dichosa corrupción. Es hora de dejar de lado la palabrería y de ponerse a adoptar medias que atajen los latrocinios, es hora a su vez de depurar responsabilidades y de acometer cambios de calado que hagan efectiva la regeneración que prometieron durante tiempo. Los grupos de la oposición deben ser capaces de aparcar sus diferencias para hacer posible el cambio que en los últimos años viene reclamando la ciudadanía, quedándose buena parte en agua de borrajas.

Partido Socialista y Podemos han demostrado una evolución positiva logrando entenderse en un tema esencial como es obligar a que el Presidente del Gobierno comparezca en el Congreso de los Diputados ofreciendo explicaciones acerca de la trama Gürtel. Eso sí, han de medir sus tiempos de forma adecuada y aprovechar oportunamente las herramientas parlamentarias, de no ser así su papel resultará más bien prescindible a lo largo de la legislatura. Sirva el ejemplo de los de Pablo Iglesias cuando presentaron una moción de censura contra Mariano Rajoy, un acto tan ineficaz al final como la declaración el pasado miércoles en el Hemiciclo.

Tratándose de un asunto clave, cayó en la absoluta irrelevancia teniendo como telón de fondo el órdago independentista catalán y el terror islamista. Gracias a la compleja tesitura que padece nuestro país estos días, Rajoy pudo pasar por el Congreso sin despeinarse, aludiendo en todo momento a las dos prioridades citadas e incluso el portavoz popular en la Cámara Baja, Rafael Hernándo, utilizó a las víctimas de Barcelona y de Cambrils torticeramente para no hablar de las turbiedades que afectan a Génova 13.

Sorprendió el enfrentamiento dialéctico entre el Jefe del Ejecutivo y la portavoz del grupo socialista, Margarita Robles, a quien acorralado por la dureza de su discurso le sacó a relucir su vinculación en el Caso Lasa y Zabala. Observamos a Pablo Iglesias en un tono menos agresivo de lo habitual y a Albert Rivera sin demasiado que aportar, puesto que difícilmente puede lanzar un mensaje en defensa de la regeneración sosteniendo a un Gobierno rodeado de podredumbre. Ciudadanos se equivocó anunciando su batería de propuestas, entre ellas la limitación de mandatos a la Presidencia del Gobierno, no garantiza una democracia más saludable.

Que la oposición tenga en su mano la posibilidad de obligar a Rajoy a comparecer en un pleno del Congreso de los Diputados es un hecho nada desdeñable que debería aprovechar de modo adecuado en próximas ocasiones si pretenden que sus iniciativas no tengan un efecto rebote.

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