EDITORIAL: Cataluña: un cuento que ha de acabar

Segunda sesión de investidura en el Parlament |  Elisensa Pons
Segunda sesión de investidura en el Parlament | Elisensa Pons

Cataluña día 0. Tras meses de jornadas tensas, históricas, decisivas y sin duda surrealistas, la autonomía vuelve a la casilla de salida. El juez Llarena, que investiga desde el Tribunal Supremo los diversos capítulos del proces, decidió el viernes llevar a prisión de forma incondicional a los exconsellers Jordi Turull, Raul Romeva, Josep Rull y Dolors Bassa y a la expresidenta del Parlament, Carme Forcadell, por considerarlos artífices de diversos delitos, entre los que se citan rebelión y malversación, de considerable gravedad. A su vez, se ha hecho efectiva la detención en Alemania del expresidente, Carles Puigdemont, que en unos días será enviado de vuelta a España, cesando su periplo europeo, para enfrentarse a la justicia española.

La prisión preventiva no es nueva, ya les vimos antes en la cárcel junto a otros procesados que todavía permanecen en ella, como el exvicepresidente Oriol Junqueras o el expresidente de la ANC, Jordi Sanchez. Ahora, regresan algunos de ellos por el temor de los tribunales a la reincidencia y con la huida, otra mas, de Marta Rovira en el horizonte, que complica aún mas el estado judicial de los señalados. La situación vuelve pues a repetirse con la particularidad de afectar a una investidura en ciernes, bloqueada, que condena de nuevo a la región a la parálisis democrática.

Tras saltar la noticia del Alto Tribunal, han sido demasiado los que se han apresurado a realizar juicios de valor bidireccionales, en la política y en los medios. Por un lado, quienes critican de forma tajante al juez por realizar una lectura forzada de los hechos, cuestionando así abiertamente la independencia judicial. Por otro, quienes han defendido a capa y espada a los tribunales, haciéndoles a su vez un dudoso favor, ofreciendo la cabeza de los independentistas, antes de incluso de escuchar las razones que aduce el juez. Unos y otros alimentando así un enfrentamiento innecesario en un momento tan delicado para Cataluña y España.

Independentistas y unionistas deben entender que ley y diálogo deben ir de la mano. Es innegable que el imperio de la ley debe aplicarse en un Estado de derecho como el español sin pestañear, pero a su vez no conviene hacer leña del árbol caído, proyectando una imagen sobredimensionada de los tribunales, contribuyendo a judicializar la realidad sociopolítica y a aumentar los niveles de mediocridad del debate público. La justicia tiene sus tiempos y también sus lenguajes, hay que dejarla trabajar, ahora le toca el turno a los políticos, tanto catalanes como del resto del país, que deben tomar la palabra y contribuir a pacificar el ambiente, logrando acuerdos que permitan poco a poco cerrar heridas, cada día mas grandes.

No se puede permanecer eternamente en un callejón sin salida. La vida constitucional debe prevalecer también en Barcelona. La mayoría soberanista ha de emprender un camino conciliador que no incurra en los vicios del pasado reciente y elegir a un presidente que, con sus matices y legítimos postulados ideológicos, sea capaz de responder a las demandas y de solucionar los problemas de la sociedad catalana, respetando en todo momento el ordenamiento democrático. A su vez, el resto de formaciones y el propio gobierno de Madrid deben apuntalar, con su respeto a los resultados electorales y su apertura a la discusión. la recuperación de la actividad y la normalidad políticas en Cataluña, incluida quien sabe si una nueva convocatoria de elecciones. Solo así será posible lograr desencallar una coyuntura, ahora enquistada, que puede condenar a las futuras generaciones.

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