EDITORIAL: Cataluña suma y sigue

La cita con las urnas del pasado 21 de diciembre no ha servido para desbloquear la crisis abierta desde hace tiempo en Cataluña. Los resultados dejan una comunidad autónoma fracturada, existen dos bloques casi igualados en votos y en escaños, por lo tanto, nos hallamos en un escenario de dos Cataluñas.

Los grandes beneficiados en esta guerra han sido los adalides del nacionalismo, en el caso de Ciudadanos el nacionalismo español, la defensa además del constitucionalismo y en el de Juntos por Cataluña y Esquerra el independentismo. Si Ciudadanos tiene la oportunidad para canalizar fuerza de Cataluña su discurso y convertirse en referente del centro-derecha. El expresidente del Gobierno, José María Aznar, ya aplaudía ayer mediante un comunicado de FAES la labor acometida por Inés Arrimadas, a su juicio, el Partido Popular reacciona tarde y mal a los hechos acaecidos.

Por otro lado, llama la atención el resurgimiento del PDECAT y de la figura de Carles Puigdemont, todos lo daban por finiquitados a él y a su formación. Demasiados años en las instituciones, demasiados escándalos de corrupción y demasiado pésima la gestión en materia de sanidad, educación, empleo y servicios sociales. Sin embargo, el relato victimista y bastante chusco del dirigente exiliado en Bruselas porque quiso apostar por el derecho a decidir de sus ciudadanos, ha calado en buena parte de la población, en especial en la Cataluña profunda. Tal vez la entrada en prisión de Oriol Junqueras diluyese poco a poco su mensaje, no ha podido dedicarse a organizar conferencias y ofrecer ruedas de prensa centrando a diario el debate político, como hizo Puigdemont.

La izquierda sale como la damnificada porque su mensaje no surte efecto alguno, no es alternativa, su tibieza no funciona a la hora de reconquistar al cinturón rojo de Barcelona, ni a la clase trabajadora. Malos tiempos para la invitación al diálogo y los matices. PSC y En Comú deberían sentarse a reflexionar acerca de las causas de su debacle.

El Partido Popular queda relegado a la última posición, estará en el grupo mixto, un fracaso sin precedentes que además no parece que vaya a acarrear consecuencias políticas, ya lo dijo Mariano Rajoy el pasado viernes a través de una comparecencia a los medios. ¿Con qué legitimidad moral puede el Gobierno encabezar la implementación del artículo 155, en una región donde casi nadie respalda a su partido?, ¿Cómo pueden el señor Rajoy y Xavier García Albiol, el candidato popular, pasar de puntillas ante un hundimiento de ese calibre?, ¿Se tomará en serio Rajoy algún día el grave problema que tienen los populares con Cataluña? Al final el abandono a los catalanes, a los independentistas y a los constitucionalistas, provoca que nadie crea que ellos son la solución al conflicto sino más bien el problema.

Así pues, Cataluña sigue sumergida en la cuestión territorial y a su vez el resto de España, arrastrando asuntos de relevancia a los que no se presta atención. No sabemos cual es la clave, pero sí nos atrevemos a decir que es imposible continuar en esta senda, no nos lo podemos permitir. A partir de enero nuestros políticos deberían encontrar algún tipo de remedio, no estaría de más que de momento todos se sentarán a hablar y por supuesto la justicia lleve su curso. Los interlocutores han de ser diferentes y no estar señalados por el proceso. Repetir una y otra vez las elecciones a ver no resolverá la ecuación, solo servirá para erosionar todavía más la credibilidad en las instituciones.

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