Duelo por Stephen Hawking

Stephen Hawking (Live Technology News)

El fallecimiento del genio el pasado miércoles 7 de marzo supuso el fin, no solo de una brillante carrera científica, sino que también de una titánica lucha contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica.

«No le tengo miedo a la muerte, pero yo no tengo prisa en morir. Tengo tantas cosas que quiero hacer antes».

El renombrado físico fallecía en su domicilio a los 76 años tras convertirse en un icono indiscutible de la ciencia contemporánea tanto por la genialidad de sus trabajos como por sus acertadas reflexiones. Así conocemos hoy a Hawking, sin embargo, fue una vez un joven que deseaba estudiar matemáticas inspirado por un maestro escolar. Su padre, director de la Unidad de Parasitología del National Institute for Medical Research, se manifestó en contra de esta decisión pues deseaba que Hawking estudiara en la Universidad de Oxford (en la que no existía una rama concreta dedicada a las matemáticas por falta de docente). Por tanto, a Hawking no le quedó otro remedio que apostar por las Ciencias naturales y luego por la Física. Su inquietud se apreciaba ya en estos tiempos. Sobresalía en ingenio y tesón con respecto a sus compañeros pero no evitaba mostrar su aburrimiento. Por tanto, su dedicación académica no reflejó en un inicio el potencial que podía alcanzar. Ingresa tras graduarse en 1962 en el Trinity Hall de Cambridge.

«El peor enemigo del conocimiento no es la ignorancia, es la ilusión del conocimiento».

Es en Cambridge donde se produce un punto de inflexión en su vida con el diagnóstico de ELA, enfermedad degenerativa en lo motriz que le supuso una esperanza de dos años de vida y un golpe difícil de superar. Consciente de que su cuerpo poco a poco se apagaría, reunió la determinación suficiente para convivir con la enfermedad continuando con sus proyectos físicos. Así comienza un desbordante interés por las teorías de Einstein y, concretamente, por el espacio-tiempo, al que se sumarían una serie de reflexiones filosóficas que quedan para la posteridad. El Universo le obsesionó durante toda su vida, su origen, su extensión, la nada. Propuso que el Universo no tiene límite espacio-temporal, así como la teoría de que no existe un estadio inicial asegurando que su búsqueda es por tanto infructuosa. Los agujeros negros fueron otro enigma que sacudió los pensamientos de Hawking. En este sentido desarrolló la llamada Teoría de la radiación de Hawking. Tras señalar que los agujeros negros tenían una existencia primitiva tras el big bang y detallar las cuatro leyes de la termodinámica referentes a los mismos, postuló que estas unidades debían crear y emitir partículas subatómicas hasta su propia destrucción. Esta teoría, incidió de manera directa en la búsqueda de tales elementos en el Espacio.

«La raza humana necesita un desafío intelectual. Debe ser aburrido ser Dios y no tener nada que descubrir».

A lo largo de su vida Howking ocupó la Cátedra Lucasiana de Matemáticas en la Universidad de Cambridge (1979-2009), también ostentó la cátedra de investigación en el instituto Perimeter de Física Teórica de Waterloo, fue director de investigación en el Centro para la Cosmología Teórica de la Universidad de Cambrige, miembro de la Royal Society y del Gonville y Caius College. Respecto a sus publicaciones, comienza en 1988 con Historia del tiempo, del big bang a los agujeros negros acabando en 2016 con El futuro del espacio tiempo. Contó con una prolífica obra sin sumar sus apariciones en medios audiovisuales (como Los secretos del Universo, BBC) o artículos escritos. La mayor parte de su obra estuvo relacionada con la ciencia pero, pese a ser el autor conocido por su intención difusiva, su obra más entrañable para el público general podría ser Breve historia de mi vida, autobiografía presentada en 2014 en la que el físico reflexiona sobre los episodios más reseñables de su existencia así como su evolución intelectual. Cuenta también con algunas obras escritas con su hija Lucy Hawking, La clave secreta del universo y El tesoro cósmico. En el plano personal no se desarrollarán aquí sus aventuras o desventuras en lo íntimo, salvando una mención a la reconciliación con su primera esposa y principal apoyo durante gran parte de su vida, Jane Wilde.

«La vida sería trágica si no fuera graciosa».

Desde el punto de vista filosófico nos ha dejado una serie de reflexiones a menudo acompañadas por el humor que tanto le caracterizaba y que encandiló a todos aquellos que tuvieron oportunidad de conocerle. Consideraba que no tenía sentido ahondar en la existencia de la realidad en sí misma, sino en sus reglas. Reglas que, según manifestó con respecto a sus creencias ascéticas, pudieron haber sido creadas por Dios pero éste no interviene para romperlas. Evitó, finalmente, creer en la predestinación luchando contra viento y marea para sacar a delante sus proyectos.

«Me he dado cuenta que incluso las personas que dicen que todo está predestinado y que no podemos hacer nada para cambiar nuestro destino, siguen mirando a ambos lados antes de cruzar la calle».

El número de premios y medallas que logró acumular es asombroso, sumando entre ellas la Medalla presidencial por la Libertad (2009, la más alta condecoración civil de los Estados Unidos), el Premio Adams por la Universidad de Cambrige (1966), la Medalla Hughes de la Royal Society (1976), la Medalla Franklin (1981), Medalla de Oro de la Real Sociedad Astronómica (1985), Premio Príncipe de Asturias (1989), Premio Especial de Física Fundamental (2012) y un largo etcétera.

Poco puede decirse que no se haya dicho ya o que otros más sabios puedan apuntar. El propio Hawking nos diría: Nada puede existir para siempre. Así que tomadas sus palabras solo queda esperar a que otros lleguen detrás de él, igual que llegarán detrás de nosotros.

Cristina Gimeno Calderero

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *