Dudando por Cataluña

EFE

No ha llegado con claridad el otoño a Madrid. Aquí no hay cierzo que acentúe una mañana poco fría de octubre. Paro en el semáforo y recuerdo a Zaragoza. Esa ciudad mentirosa que te obliga a bajar la cabeza si hay viento, caminando sumiso escondiéndote del Moncayo. Quizás por eso no tenemos los turistas de Madrid, porque les engañamos querido cierzo… En Madrid los grados son los que son, no engañan al viajero. Las sensaciones térmicas son las de cada uno, dependen del temple de tu cuerpo. Si no, ahí está el café con porras para solucionarlo.

En el Congreso de los Diputados nos espera una nueva jornada de pleno. Hoy se debaten nuevas proposiciones de ley, nuevas mociones sobre temas tan variados como la creciente desigualdad social, la política de refugiados o las reformas de las pensiones. Bueno, o eso dice la agenda oficial. Porque el orden del día nos indica lo que debería ser, los discursos que se van a pronunciar en la tribuna según el guión previsto.

Pero la realidad es otra estos días y todos en el Parlamento somos conscientes de ello. Los comentarios en los pasillos ya me indican cuál va a ser de nuevo el protagonista de la jornada, y van tantos días…
Nuestra querida Cataluña inunda el ambiente. Sus políticos y sus aspiraciones, sus gentes y sus preocupaciones. Sus heridas actuales son tales que no se sabe a ciencia cierta qué medicina ha de aplicarse. Incluso no llegamos a tener claros los efectos de la que estamos aplicando.

En la reunión de grupo los socialistas compartimos impresiones, analizamos las opiniones vertidas y los hechos acaecidos. Reflexionamos, debatimos. A pesar de nuestras dudas sobre cuál ha de ser el camino, somos conscientes, plenamente conscientes de nuestra responsabilidad, esa que es inherente a nuestro partido en momentos como este. La que nos exige esa mochila con casi 140 años de historia.

Algunos novatos buscamos el relato sabio de compañeros expertos en la política y en la vida, conocedores del partido y del país. Pero ellos tampoco han vivido esto, desgraciadamente no lo tienen apuntado en sus diarios. Es terreno virgen para ambos.

El pleno avanza y ya en el escaño escucho, sentada a mi izquierda, a mi querida compañera Lola. Es socialista pero magistrada, y por tanto, independiente. También se independiza del griterío de la tribuna, esta vez por convicción moral. Siempre equilibrada en sus emociones pero contundente en sus planteamientos. No entiende del esperpento legal en Cataluña, “Lex dura sed lex” me dice. Fuera de la ley, la jungla.

Me vuelvo a mi derecha y escucho al compañero, además de sociólogo, José Andrés Torres Mora. Gran escritor de relatos que nos independizan de la mediocridad de la posverdad, de los cuentos sin argumento.

El profesor de la Complutense intenta convencerme de la pluralidad de la sociedad catalana, de la normalidad en sus aulas, de las agradables sorpresas que encierran los actuales estudios sociológicos en Cataluña. Hay ciencia detrás de la farsa.

Analizo sus palabras y sus cifras, ajeno al pleno, mirada perdida en las pinturas del hemiciclo. Me pregunto cuál puede ser el mejor camino, cómo renunciar a atajos, como no desfallecer en la tarea y acabar perdido

Aplausos. Vuelvo al teatro, aplaudo sin conocido motivo.

Entrecruzo miradas con otros compañeros de bancada socialista. Esas miradas también ausentes de la función vespertina. Miradas distintas según vengan de Canarias o de Galicia, de Valencia o Andalucía. Bendita pluralidad, dichosa empatía.

Acaba el pleno. Bajadas las escaleras chocamos con la prensa. Vuelven los corros. Mucha incertidumbre y dudas entre los socialistas. Dudas porque preferimos ahora dudar a descansar en el error. Y como decía Francis Bacon: ojalá empecemos con dudas y acabemos con certezas. Con certezas de buena convivencia.

Oscar Galeanoportavoz de la Agenda Digital del PSOE

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