De los socialistas del 20 a los del 40

Reuters

Se cumplen tres semanas desde que  los y las militantes socialistas decidiéramos en las urnas que nuestro próximo Secretario General fuera Pedro Sánchez. Fue una victoria, la de su candidatura, incontestable. Con una participación del 80% de la militancia (participación con la que el resto de partidos sólo pueden soñar, basta con ver el fiasco participativo de los procesos internos de Partido Popular, Podemos y Ciudadanos, en los que rara vez se llega al 20%) que hubiera legitimado a cualquiera de los tres, hubiera ganado quien hubiera ganado, y con más del 50% de quien votó haciéndolo por Pedro, no hay duda de lo que la militancia socialista decidió el 21 de mayo. No hay puerta abierta a mantener tensiones sectoriales internas. No hay pie a un tercer cierre en falso consecutivo de un Congreso socialista.

Las tres semanas que han seguido a la jornada electoral, han sido una excepción, acostumbrados como estábamos al devenir del partido en los últimos meses, por no decir años. Un partido que llevaba 9 meses en una guerra fratricida abierta a todos los públicos y todas las miradas, al que se le vaticinaba una escisión por la mitad segura ganara “X” o ganara “Y”, al que en múltiples ocasiones se ha dado por muerto a lo largo del proceso, por la dureza con la que éste se ha encarado… este partido, ha vivido las 3 semanas más tranquilas de los últimos años. Ninguno de esos vaticinios se han cumplido.

La guerra ha terminado; el partido en su práctica totalidad ha reconocido los resultados y se ha puesto a disposición del nuevo Secretario General. A lo largo de este tiempo, se han desarrollado procesos internos para elegir a los y las representantes de cada provincia en el próximo Congreso Federal, en los que las ganas de unir y pactar han sido la tónica general, en los que el rencor ha quedado a un lado. El PSOE sigue vivo después del proceso interno más doloroso en las últimas décadas. Y no sólo vive, sino que recupera pulso. Las encuestas lanzadas los últimos días coinciden, en mayor o menor medida, en señalar cómo el Partido Socialista recobra impulso en las encuestas, sigue ganando terreno electoral, sumándolo al que poco a poco fue ganando durante estos meses, desde la caída en picado, en potenciales votantes y en credibilidad y confianza, del fatídico uno de octubre; señalan como se acerca a un PP tambaleante y asediado (aún más si cabe) por la corrupción, y cómo se aleja de un Podemos nacido con el único propósito de suplir a los socialistas, y cuya única labor ha sido la del espectáculo, con ningún trabajo parlamentario ni medida que realmente haya conseguido cambiar a mejor la vida de las personas, para presentar a la ciudadanía dentro de 2 años, ni por la que sean dignos de volver a pedir su voto.

No, el PSOE no ha salido todo lo mal parado que todo apuntaba que saldría de este proceso, ni todo lo mal parado que a muchos hubiera gustado. Hemos salido adelante. Pero no es gratis. El coste es aprender a que, de estas Primarias y de el Congreso que se ha de celebrar, no salgan vencedores ni vencidos; aprender a abandonar las vendettas personales por el bien general; aprender a comunicarnos y convivir desde el respeto a la discrepancia, desde la fidelidad al proyecto común, desde la unión de todos los y las socialistas.

Pedro Sánchez es hoy el Secretario General de facto del Partido Socialista por una “mayoría absoluta” de la militancia, pero eso no es un cheque en blanco. Habrá de asumir e interiorizar, como debieran de haberlo hecho Susana Díaz o Patxi López en su caso, que tanto él como la Comisión Ejecutiva que forme, son el Secretario General y la CEF de todos y cada uno de los socialistas, que no hay bandos, y que esto se habrá de demostrar con acciones de generosidad, de escucha y de amoldamiento a todos los niveles orgánicos.

El Partido Socialista tiene ahora, pasado este periodo de pesadilla, la oportunidad de seguir la estela ascendente de los partidos socialdemócratas hermanos “del 40%”, como el portugués o el británico (en el caso del Labour, una estrella en el firmamento socialdemócrata hoy, que hace apenas un mes aparecía como otro de los partidos socialistas en claro declive a 20 puntos de su principal rival, y que no sólo brilla con más fuerza que el resto gracias al resultado apabullante del pasado día 8, sino que también lo hace en el terreno interno, habiendo sumado 190.000 militantes desde la llegada de Jeremy Corbyn a su dirección, y colocándolo como uno de los partidos europeos de cualquier ideología más grande -cuando no el que más-, con más de medio millón de adscritos), o de proyectos como el de Bernie Sanders al otro lado del Atlántico, que han sabido conjugar la esencia del ideario básico socialdemócrata, con la capacidad para emocionar e ilusionar a la ciudadanía y especialmente a la juventud, como fue capaz hace 14 años Zapatero, y de actualizarse y remodelarse; una capacidad que otros tantos socios europeos han perdido en el camino, como hemos visto en Francia, en Holanda, en Grecia o Irlanda.

Con el mundo asomando la cabeza al otro lado del túnel de la crisis que nos aplasta desde hace una década, con el populismo perdiendo su razón de ser a cada día que pasa  y que la situación de las gentes mejora mínimamente (el UKIP británico que hace tres años arrasaba en las elecciones europeas, hoy se tiene que conformar con menos del 2% en las parlamentarias; el Frente Nacional que aspiraba a derrumbar la Unión Europea desde el Eliseo, hoy figura en todas las encuestas como tercera fuerza en votos y quinta en escaños en las elecciones legislativas de este junio; o la AfD que parecía capaz de comer un gran bocado del pastel de la CDU, hoy continúa su bagaje en el desierto en medio de una catarsis interna que no termina nunca), la socialdemocracia y el PSOE tienen la oportunidad de recuperar su lugar social, político y parlamentario históricos, pero debe de saber ganárselo y no jugárselo todo a la baza del conformismo del electorado a la que demasiado a menudo a jugado.

Es el tiempo de ser valientes y de estar unidos, y el Partido Socialista comienza este tiempo con buen pie y con la necesidad imperiosa de continuar con él. Hagamos entre todos y todas que así sea.

Dani Martin Bernad, Sº de Igualdad y Comunicación de las Juventudes Socialistas de la Provincia de Zaragoza

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