De lo divino y lo humano

Caras de una misma moneda solo hay dos, y no necesariamente adversas como la cara o la cruz. Lo divino y lo humano, tan nítidamente estrecho entre sí para unos y tan hondo de por medio para otros, también tiene su reflejo, y pienso yo que hasta su símil, en los días de cal y arena –política– que nos ocupan. A los que pocas teorías del conocimiento o de las ideas –sí, aquellas que la Filosofía de Selectividad– están lo bastante manidas como para que unos, otros o los de enfrente se las arrimen a su ascua.

Y con ello el dibujo de nuestro controvertido mapa político ha adquirido un color curioso, pero que a la sazón ha derivado en un furor por la política que se siente en el aire, que luego ya será entendido por cada cual según le suene la música, bien como una pasión o bien como un furor –de furo– que le venga de la mayor indignación que quepa en su cuerpo –cosa que, seguramente, entenderemos–.

Claro que en gran medida gracias al boom digital que ha cambiado nuestra manera de verlo todo, pues ningún otro avance se entiende sin la explosión digital de esta última década, como ninguna de las actitudes. El político 3.0, o mejor, la política 3.0 –por mucho que todo esto avance siempre quedarán rezagados o románticos de la 2.0– que acoge en su seno debates y disensiones a lo largo y ancho de nuestra sociedad –desde la más formal en el Consejo de Ministros hasta la más familiar en nuestra casa, en whatsapp o en la terraza de un bar con nuestra gente–. Porque, a fin de cuentas, la política tampoco la queremos ver como la administración de la res o cosa pública sino que, como ya recordaba en mi artículo de la semana pasada, de las vertientes de gobierno y administración consagradas con arreglo a la tradición, la que nos llama es una: desde luego, la de gobierno y, más todavía, la de la acción de gobierno.

No hay pacto que todo lo pueda, ni votación que todo lo cure, ni mal que cuatro –o dos o tres– años dure, como los mandatos. Salvo algún mal que, vaya, tenemos a medio superar. Porque aun con todo al final acaban saliendo adelante los presupuestos,  se desbloquea una ley o sale una moción adelante pese a las trabas del juego político, que es lo 3.0. Que nos embriagamos a veces de tanto furor que olvidamos momentáneamente que en aquello de la cosa pública y sus números va lo del día a día, la gestión –eso tan denostado y que es tan 2.0–, que excede lo humano –por eso de uf, lo que cuesta sacarlo adelante– y acaba rozando lo divino –aleluya, han llegado a un acuerdo–. Ahora a criarlo, que como dijo aquél, “cuando seas padre, comerás huevo”.

Jorge Marcuello Giner

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