De la revolucion a la colaboracion

Las Farc ya son un partido político mas de Colombia

Mismas siglas. Diferente significado. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la guerrilla marxista-leninista nacida en el 1964, decide dar un giro de 360º para convertirse de manera oficial en un partido político legal, que luchará pacíficamente por alcanzar la presidencia en las elecciones legislativas de 2018.

La Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, fue el nombre con el que se bautizó el pasado 1 de septiembre en Bogotá a la nueva formación política que de ahora en adelante se verá representada por una rosa roja con una estrella de cinco puntas en su interior. Atrás quiere dejar el pasado revolucionario que sembraba el caos entre la población en sus estériles intentos por “conversar” con el gobierno a través de la fuerza y la intimidación. Sin embargo, el mantenimiento de las mismas siglas continúa vinculando al partido con la guerrilla por lo que muchos han mostrado su rechazo al mismo.

RAUL ARBOLEDA/AFP/Getty Images. Fuente: BBC

El importante papel de que dicho diálogo sea efectivo recae una vez más en el tradicional líder de las FARC, Rodrigo Londoño, más conocido por su apodo Timochenko. Así se decidió el pasado 3 de septiembre en el primer plenario del Consejo Nacional de los Comunes integrado por los 111 miembros que dirigirán el proyecto del partido, y entre los cuales, aseguraron, tendrán su puesto varias mujeres.

El paso decisivo: de la guerra al intento de paz

Destrucción y dolor. Cuatro intentos de acordar la paz habían sido en vano. Los colombianos acudieron a las urnas el 3 de octubre de 2016 para tener voz entre los disparos. Pero la respuesta que depositaron en las mismas dejó perplejos a muchos; NO: 50,21%, SÍ: 49, 78%. 53.000 votos de diferencia en total. Y un elevadísimo índice de abstención: casi 20 millones de personas no fueron a votar en una de las decisiones más importantes de la historia de su país. ¿Por qué? Las condiciones no eran lo suficientemente justas. Las muertes pesaban demasiado como para permitir que los rostros de aquellos que habían asesinado a los suyos pudieran salir en televisión con una sonrisa, sin pagar un precio, indemnes. No permitirían que las condiciones a las que estaría sujeta esa tregua continuasen burlándose de sus fallecidos. Querían perdonar, pero todavía no podían olvidar.

El fin definitivo del conflicto armado llegó poco después, en noviembre de 2016, cuando el Gobierno de Juan Manuel Santos y los cabecillas de las FARC se reunieron para firmar el acuerdo de paz. Cuatro años de diálogo en la Habana precedieron a esta tregua definitiva, pero, en cualquier caso, la paz no significó la total aceptación. Colombia todavía tiene una herida abierta, y la manera en la que se trate de cerrar será decisiva para que sus gentes puedan llegar a admitir que las FARC siguen siendo las FARC pero sin esa raíz de violencia.

Ahora, sin armas desde que las entregaran a Naciones Unidas el pasado 15 de agosto, los integrantes de la nueva FARC tendrán que aprender a integrarse dentro de la sociedad civil, especialmente los más de 7.000 ex guerrilleros que estuvieron aislados prácticamente de manera total y absoluta por estar concentrados en un campo de batalla que generaba más pena que gloria.

El Gobierno tratará de ayudar a esta reinserción mediante la concesión de 650.000 pesos (alrededor de 183 euros) durante dos años a aquellos que no logren acceder a un puesto de trabajo, pero hayan aceptado los programas especiales habilitados a tal efecto. Mientras tanto muchos de ellos residen en una serie de zonas de transición, en concreto 26 espacios rurales en los que se intentará hacer el paso a esa vida civilizada de manera progresiva.

El Papa apoya la reconciliación en Colombia

“Cuanto más difícil es el camino que conduce a la paz y al entendimiento, más empeño hemos de poner en reconocer al otro, en sanar las heridas y en construir puentes, en estrechar lazos y ayudarnos mutuamente” (Extracto del mensaje del papa Francisco en el comunicado de su visita a Colombia desde el Palacio de Nariño al conocer la conversión de las FARC en partido político)

El papa Francisco quiso sumarse al intento de pacificación entre ambas partes. Su visita, que se inició el 7 de septiembre en Bogotá (sede de los acuerdos) y finalizará el domingo día 10 en Cartagena, simboliza el apoyo de la Iglesia al pueblo de Colombia en este duro proceso de reconciliación entre las FARC y el Gobierno, así como entre una sociedad que no olvida y una clase política que, finalmente, ha dado un paso para solucionar la catástrofe generada por la guerrilla más antigua de América.

Grandes expectativas en Colombia en espera del Papa Francisco. – RV. Fuente: Radio Vaticano

A pesar de que Colombia es el séptimo país con más fieles católicos del mundo, la llegada del papa no fue bien recibida por todos. Esta polarización de ideas sobre la fe concentrada en torno a la actuación y los mensajes emitidos por un papa que muestra una actitud más transgresora que los anteriores, se ha visto claramente reflejada en la abierta negación del canal de televisión Teleamiga a la llegada del Pontífice. Según el director de la cadena, José Galat, este rechazo se debe a que es un papa que “niega las verdades de la fe”. Estas declaraciones han provocado las reacciones de la Conferencia Episcopal de Colombia, y acentuaron la ya de por sí marcada división de opiniones entre  los católicos de este país.

Colombia sigue enfrentándose a muchos retos y divisiones, pero esta renovación dentro de su panorama político y social llega como un nuevo emblema de paz que parece querer dar finalmente la tan merecida tregua al pueblo colombiano. Si lo conseguirá o no, todavía está por ver.

Aurora Isabel Martínez Sanz

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