De España, la PPR y la justicia en general

RTVE

Rabia, impotencia y dolor. No sé muy bien cómo empezar estas líneas si os soy sincero, aquel pobre pececillo sigue nadando en mi mente a cada minuto que paso escribiendo este artículo.

El ser humano es capaz de crear las cosas más maravillosas jamás imaginadas, pero por desgracia, a lo largo de la historia también ha demostrado poder llevar a cabo los más crueles desmanes. Toda mi vida, o al menos desde que tengo uso de razón, he defendido que la cadena perpetua, o su eufemismo Made in Spain, era una condena innecesaria, que no era ninguna solución, solo un puro sinsentido fruto de mentes sedientas de venganza y añorantes de la mano dura de épocas pasadas. A día de hoy, mi opinión sigue siendo la misma.

Las personas que defendemos un modelo penal basado en la reinserción, tal y como se estipula en la Constitución, no somos peligrosos liberticidas que quieran liberar a todo tipo de criminales y delincuentes, tan sólo pretendemos que nuestro sistema judicial no se convierta en un mecanismo distribuidor de venganza, sino que sea una suerte de ente salomónico capaz de conjugar la imposición de penas con una labor finalista de reinserción social de los presos.

Nuestro país posee una de las menores tasas de criminalidad de toda Europa, y a la vez es de los que tiene más personas presas porcentualmente, por tanto no me vale escuchar una y otra vez que tenemos un sistema penal blando.

Pero tampoco puede negarse la evidencia que de vez en cuando se producen sentencias que socialmente se consideran insuficientes o liberaciones vistas como precipitadas, de cara esto la solución es clara, asegurar el cumplimiento íntegro y efectivo de las penas e incluso reforzar los agravantes en caso de verse necesario, pero siempre desde el consenso y sobre todo, desde la más absoluta abstracción e imparcialidad.

Jamás debería haberse votado en el Congreso el avance del proceso hacia la derogación de la prisión permanente revisable en estas fechas, con un caso tan dramático en la conciencia popular, no era el momento.

El debate sobre algo tan serio debe ser sosegado, alejado de cualquier influencia externa, y no señores, llevar a los familiares de víctimas de casos tan terribles como el de Diana Quer al Congreso, no es visibilizar, es una maniobra electoral vil y mezquina.

Recuerdo una frase que leí hace unos días, y me ha parecido tan adecuada para ilustrar un poco mi pensamiento que tengo que incluirla; “No podemos reformar el código penal a golpe de telediarios” decía Fernandez Cerezuelo, catedrático de la Universidad de Oviedo. Y es esto señores lo que se está intentando hacer en el Parlamento Nacional, legislar en base a los sentimientos de tristeza y rabia de la población por los casos recientes. Cada cual, que asuma su parte de culpa.

Hay un argumento favorable a la PPR en especial que siempre me ha llamado la atención, su supuesto carácter disuasorio. Sí claro, es bien sabido por todos que intentar disuadir a un terrorista suicida para que no asesine a nadie por medio de penas de cárcel, es de lo más efectivo. No señores, por lo menos a lo que delitos de sangre se refiere, aumentar las penas no tiene ningún efecto.

Si nos ceñimos al aspecto legal, también se plantean muchas dudas a falta de que el Tribunal Constitucional se pronuncie sobre recurso presentado por el Partido Socialista hace ya casi 3 años. Concretamente dicha condena infringiría primeramente el artículo 15, en el que prohíbe expresamente las “penas inhumanas y degradantes”, y qué pena de cárcel más inhumana puede haber que una condena indeterminada en el tiempo.

Además, y esta es para mí la falta más grave de dicha modificación del código penal, contradice el artículo 25.2 de la Constitución donde dicta expresamente que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”. Una prisión de por vida nunca podrá garantizar la reinserción social, porque su objetivo es aislar a esa persona de por vida de la sociedad.

A todas aquellas personas que no tienen clara su posición o incluso que están a favor de la permanencia o ampliación de la prisión permanente revisable; es muy importante dejar de creer que un castigo férreo va a ser capaz de resarcir a los familiares y amigos de las víctimas, nada va a poder reparar su dolor y sufrimiento, ni devolverles lo que hoy añoran.

Es importante que recuperemos la cordura social, no podemos radicalizarnos de esta forma o dejaremos de ser una de las sociedades más abiertas e inclusivas del mundo, la atrocidad ocurrida estos últimos días nos ha conmocionado a todos, pero eso no puede hacernos tirar abajo tantos años de progreso de nuestro sistema penal.

Allá donde estés pececillo, descansa en paz.

Jorge Navarro

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