Cristina Cuesta, directora de la Fundación M. A. Blanco y víctima del terrorismo: “Jamás he transmitido rencor a mi hijo porque te vincula a quien te hizo daño”

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Cristina Cuesta es una de las pioneras en la lucha de las víctimas contra el terrorismo. Los Comandos Autónomos Anticapitalistas (COVITE) asesinaron a su padre el 26 de marzo de 1982, Enrique Cuesta era delegado de Telefónica en San Sebastián. La amplia experiencia en movimientos pacifistas, le permitió en el año 2000 comenzar su andadura en la Fundación Miguel Ángel Blanco, primero como coordinadora y a posteriori como directora de la entidad. Con motivo del vigésimo aniversario del crimen contra el concejal de Ermua, concede una entrevista a El ROTATIVO para contar su historia como víctima del terrorismo, la evolución de la sociedad afrontando la lacra y sobre todo manteniendo viva la memoria de Miguel Ángel Blanco a través de la fundación que lleva su nombre.

¿Cuántos años lleva trabajando usted en la Fundación Miguel Ángel Blanco?

Primero entré como coordinadora en el año 2000 y al año siguiente me nombraron directora. El próximo mes de octubre cumpliré diecisiete años al frente de la Fundación Miguel Ángel Blanco.

¿Qué significa para usted ser la directora de la Fundación Miguel Ángel Blanco?

Es un orgullo y a su vez una responsabilidad. Yo también soy víctima del terrorismo, tengo una larga experiencia en el movimiento asociativo de víctimas del terrorismo. Creo que divulgar a través de actividades educativas historias como la de Miguel Ángel, es necesario para la sociedad, las víctimas del terrorismo son un ejemplo de coraje cívico y creo que han tenido un comportamiento ejemplar a lo largo de su trayectoria. Son referentes de la sociedad española, por lo tanto, trabajar para hacer llegar, en especial a los jóvenes, el recuerdo de las víctimas como Miguel Ángel Blanco es una labor importante que me llena de satisfacción.

¿Cómo hacer llegar el terror de ETA a muchos jóvenes a los que quizá ya les resulte lejano?

Es cierto, pero tenemos el deber de no olvidar. El significado social y político de las víctimas quiere decir que hay muchos españoles que dieron su vida y su libertad en un fenómeno de macrovictimación terrorista que sacudió la democracia y esto tiene un fenómeno de valor histórico que debe ser enseñado, guardado y recordado continuamente como otros eventos, la Transición, por ejemplo.

A partir del próximo curso se incluirá en el desarrollo curricular de la ESO contenidos relacionados con la historia del terrorismo. Debemos sacar una lección positiva, un aprendizaje, tenemos que recordar con honor y con solidaridad a las víctimas. Por ejemplo, mi padre fue asesinado en 1982, en San Sebastián, se llamaba Enrique Cuesta, es una persona que perdió la vida no porque al terrorista que lo mató le cayera mal, sino simplemente porque fue uno de tantos escudos humanos en defender la pluralidad y la convivencia libre. Por lo tanto, creo que hay que hacer una pedagogía contra el terrorismo, a favor de la paz y de la tolerancia que las víctimas encarnan. Todo eso debe ser transmitido, en especial, a los más jóvenes.

Citaba el asesinato de su padre en 1982, una época en la que no había todavía una conciencia social de repulsa contra el terrorismo, aquella unidad por parte de instituciones y todo tipo de movimientos sociales, que quizá se produjo con el crimen de Miguel Ángel Blanco…

No, la historia del terrorismo va en paralelo a la evolución de la conciencia ciudadana contra el terrorismo y también la evolución de la atención y reconocimiento de las víctimas del terrorismo. La década de los ochenta es la que el periodista José María Calleja denomina la “década de plomo”. Cabe recordar que en aquella etapa hubo varias bandas terroristas, no solo ETA, a mi padre lo asesinaron los Comandos Autónomos Anticapitalistas, afortunadamente ya nadie los recuerda. Se produjeron cientos de víctimas anuales durante muchos años. Además, se tendía a culpar a las víctimas. En la sociedad vasca se legitimaba el terrorismo de manera masiva. Ha sido un largo proceso, la parte más oscura de un túnel del que hemos sabido ir saliendo, aunque no estemos fuera del todo.

A pesar de los malos momentos, soy positiva y creo que hemos ido a mejor a lo largo de los últimos cincuenta años. Lo que no podemos permitirnos, es el no aprender. La enseñanza es una de las mejores metodologías contra el terrorismo.

¿Es posible perdonar?

Es una cuestión muy personal que tiene que ver con las convicciones religiosas o éticas de cada persona. Hay un perdón personal y luego un perdón social que tiene que ver con la justicia, la aplicación de la ley. Respecto al perdón personal, te diré que yo nunca he vivido en el odio. A mi hijo jamás le he transmitido ningún rencor porque el odio te vincula más a aquella persona que te hizo daño. No quiero decir que le perdone o le olvide, primero debe cumplir su condena y reconocerlo lo que cometió, el dolor que generó, desvincularse del terrorismo y colaborar con la justicia, sin embargo, el asesino de mi padre todavía no ha hecho nada de eso. A nivel personal creo que es mucho más constructiva una labor reivindicativa a favor del significado de las víctimas que actitudes de resentimiento, sin ayuda psicológica son muy difíciles de superar.

¿Cómo fue posible derrotar al terrorismo?

Hay un cúmulo de factores, destacaría la profesionalidad de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, no olvidemos que el sesenta por ciento de las víctimas de ETA pertenecen a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. La unidad política, el consenso básico de no negociar con los terroristas, aunque eso haya tenido sus altibajos. Ha sido fundamental diferenciar quienes son víctimas y quienes verdugos, la evolución de la conciencia ciudadana, el papel de las víctimas y la colaboración internacional, pues en los años ochenta los etarras obtenían con facilidad el estatuto de refugiado en Francia.

¿Fue el principio del fin del terrorismo el asesinato de Miguel Ángel Blanco?

Sí, fue el principio de una metodología de resolución del terrorismo basada en la mirada de la víctima, en la firmeza del estado de derecho, en la necesidad de respuesta social y de la unidad política. No ha habido mejor política que el pacto de defensa de las libertades contra el terrorismo. Lo que vivió aquellos días fue un oasis, dentro del drama, porque fuimos capaces de enfrentarnos de manera masiva al terrorismo. Seis millones de ciudadanos salimos a las calles a pedir que se preservara la vida de Miguel Ángel, gente de izquierdas, de derechas, creyentes, no creyentes. Lo más importante fue esa unidad por la vida y por la libertad frente a la barbarie.

Se están desmarcando algunos partidos políticos de los homenajes a Miguel Ángel Blanco en diversas localidades ¿Se está resquebrajando aquella unidad?

Me gustaría destacar que la mayoría de los municipios a los que nosotros hemos invitado a participar a los actos y a nombrar un espacio público en nombre de Miguel Ángel Blanco, la respuesta ha sido masiva. Es verdad que en municipios como Cádiz o Bilbao, por distintos liderazgos políticos, se han negado. Lo lamento porque Miguel Ángel Blanco y todas las víctimas del terrorismo son un capital moral y ético de todos los españoles, me apena que algunas formaciones políticas como Podemos o los nacionalistas, no sepan verlo. La defensa de los derechos humanos fundamentales están por encima de cualquier diferencia, espero que puedan evolucionar hacia posturas más racionales y menos sectarias.

¿Se han visto utilizadas las víctimas del terrorismo por los políticos?

Sí, esta cuestión es inevitable. Es lamentable en algunas ocasiones, pero nosotros somos agentes sociales, tenemos un papel en la esfera pública y, por lo tanto, estamos sujetos a que puedan utilizarnos en distintas coyunturas políticas por estrategias, etcétera. También quiero reconocer que las víctimas del terrorismo están en un lugar de reconocimiento importante y nadie puede poner en cuestión este lugar, siempre hay coyunturas especiales, pero hay que verlo siempre con perspectiva. Nosotros nos hemos mantenido firmes en los valores que defendemos, memoria, justicia y libertad, unos principios universales.

¿Qué actividades realiza a diario la Fundación Miguel Ángel Blanco y cuáles tiene previstas en los próximos días?

La Fundación está centrada en tres campos de trabajo: El de la memoria, recordar a Miguel Ángel Blanco como símbolo de todas las víctimas del terrorismo y así promover que los ayuntamientos de toda España puedan nombrar en su municipio un espacio llamado Miguel Ángel Blanco. Promovemos que en las bibliotecas públicas haya un espacio de cultura, de reflexión por la memoria de Miguel Ángel y de las demás víctimas. Contamos con un área internacional que llevamos desarrollando desde hace años, es una actividad que presentamos en distintos países, por ejemplo, este año hemos estado en Colombia, normalmente vamos a lugares que han sufrido el terrorismo.

Uno de nuestros objetivos es lograr el estatuto internacional para las víctimas del terrorismo en la ONU, cuyo objetivo es de tipo político-ético, de Derechos Humanos porque concedería muchos más derechos a víctimas del terrorismo. Quiero recordar que la mayoría de las víctimas no están atendidas, ni reconocidas en muchos países. Luego también estamos trabajando en conseguir la Carta Europea de Derechos Humanos, específica para las víctimas del terrorismo, no solo la que existe para víctimas de delitos violentos.

En el ámbito educativo tenemos contacto en las universidades, en las bibliotecas… para contar la historia de Miguel Ángel a los jóvenes, transmitir la importancia del significado de las víctimas. En nuestra web se pueden ver todos los actos, estamos satisfechos porque ya son más de setenta los que se van a celebrar en toda España con motivo del vigésimo aniversario del asesinato.

Samuel Riad

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