Bienvenido a este rotativo mundo

Porque no todos los días, no todos los meses -ni últimamente, tampoco todos los años con esto de la crisis (otros podrán decir que “pese a”)-; tenemos la oportunidad de ver nacer, y hacerlo además tan de cerca, un producto necesario, fraguado en un mimado rigor periodístico en la noticia, también en la opinión, y en una no menos pretendida calidad en la factura, porque como muchos conocerán (y otros tantos ignorarán hasta la fecha), la gestación de El Rotativo no viene de un encuentro casual o de una concurrida cita en una calurosa noche de verano, sino que es continuación del empeño mantenido por un grupo humano que vemos crecer y aunque a algunos de ellos no conozcamos hoy, pronto nos resultarán familiares.

Como en tantas facetas, la actualidad que hoy manda y que ya no conoce (o cada vez menos) de lo local, regional, nacional o acaso internacional sino de lo global, pues cada día estamos conectados y sin trabas a todo lo que acontece política, social o culturalmente en cualquier otro punto del globo, o por no repetirnos, región del planeta –lo de los continentes, en un universo donde Internet y las nuevas tecnologías lo abarcan todo con el solo tacto de un dedo, parece superado– la pretensión de ofrecer mi visión semanal es, más allá de lo que es objetivo y un hecho ya –que la información la tenemos y además tenemos la suerte y obligación de poder contrastarla al instante–, hacer lo posible por aportar una mirada desde una sencilla y personal óptica jurídica sobre la realidad más cercana que nos rodea –aunque sea irresistible opinar lo más fundadamente posible de cualquier cosa–, mayormente la más cercana, la local. Mayormente porque, una vez más, hoy todo está relacionado y ordenar lógicamente –ya no digo jurídicamente– las aristas de la realidad actual donde casi todo, razonable o no, es noticia, será apasionante. “Desaprender lo aprendido” y volver a procurar aprenderlo en cada columna será por otro lado un sano ejercicio.

Allá vamos. Si antes la moda era que un gobernante hiciera lo propio a golpe de decreto (más hoy que en España se extrañan las mayorías absolutas), la justicia no escapa a la actualidad y lo cierto es que hoy muchas de las decisiones que afectan a la vida de las ciudadanos (o que se supone deberían ser las que interesan a la ciudadanía) acaban dirimiéndose en un juzgado local de lo Contencioso-Administrativo, un Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Autónoma o en el mismo Tribunal Supremo y muchas veces al ruido de un potente eco mediático. De la politización de la justicia que todavía hoy perdura y que merecerá capítulo aparte, podemos hablar de una fiscalización de la política desde los juzgados y tribunales que, en cada caso, y a tenor de su mediatización, trataremos a buen seguro.

Porque una de las posibilidades contempladas en la ley es la formulación por un ciudadano de un recurso judicial en el orden contencioso-administrativo frente a una resolución firme de la Administración que nos sea desfavorable, por ejemplo, pero también es posible y frecuente este recurso ante resoluciones y decisiones netamente políticas, “de gobierno”, que, quizá no directa pero sí indirectamente, al incidir sobre la gestión de la cosa común, redundarán de una u otra manera en los administrados, término con el que la ley se refiere a los ciudadanos (en sentido amplio, para entendernos; otro día veremos a fuerza de actualidad que una cosa es la labor de gobierno y otra la de administración): decisiones que van desde el acto administrativo que resuelve el cambio de nombre de un pabellón a la instauración una primera línea de tranvía o al procedimiento o suma de actos que pueden culminar con la municipalización de un servicio público.

Cuando abunda la información en cualquier soporte y también la facilidad, afortunadamente, de verter una opinión –respetuosa- sobre cualquier cuestión; con la oportunidad de contrastar, compartir y confrontar ideas, la oportunidad de hacer un análisis sosegado y en voz alta es todo un privilegio. Hacía falta El Rotativo y su formato de semanario aragonés joven y con carácter en este mundo global que no deja de rotar, hacia un lado u otro, pero siempre en órbita.

Jorge Marcuello Giner, abogado.

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