Autoestima y memoria

Casa Real

Vivimos en un país paradójico. Tal y como ocurriera hace más de 13 años, este país ha vuelto a demostrar que funciona muchísimo mejor de lo que el español medio considera. Hace 13 años, ante un atentado atroz, la policía, las fuerzas de inteligencia, los servicios públicos y la ciudadanía dieron una lección de eficacia, profesionalidad y civismo.

A no menor altura y a pesar de la diferencia de dimensiones se ha producido la reacción a los atentados de Barcelona. En apenas 4 días no queda ningún responsable del atentado suelto, las víctimas están perfectamente identificadas y, dolor al margen, Barcelona es hoy una ciudad instalada en la normalidad. Comparen con Bélgica o Reino Unido.

Esta es, básicamente la fotografía real. Pero cualquiera que estos días se asome a estas redes nuestras de cada día, corre el riesgo de llevarse una imagen bien diferente. Por ejemplo, verá como un puñado (no más) de imbéciles se quejan de los cargos institucionales catalanes empleen el catalán en sus comparecencias, cuando la realidad es que los Mossos han dado una lección de transparencia y claridad en la información. O verán a 6 cabestros haciendo el cafre con una pancarta a unos metros de una mezquita y pensarán que hay ataques islamófobos por doquier. O leerán la última sandez de la CUP y pensarán que nos importa una mierda que se manifiesten o no.

Incluso en un momento tan crítico en las relaciones entre el Gobierno de España y la Generalitat, los roces o excesos han sido más bien escasos.

Desde el primer momento, las redes sociales han generado una artificiosa necesidad de información y  brotes de opiniones verborreicas que lejos de aportar nada han conformado una especie de nuevo sensacionalismo. Polémicas tan artificiosas como las referidas al uso de imágenes (nunca la prensa mostró cadáveres identificables tras un atentado) o el exceso de informaciones poco contrastadas, han conformado un clima artificioso de polémica en el que muchos han parecido sentirse cómodos. Hasta frente al terrorismo florece a veces el adanismo y la desmemoria.

Pero detrás del humo y el ruido, como decía, si algo ha caracterizado lo ocurrido desde el jueves es que el espejo nos ha devuelto una imagen bastante mejor que la que tenemos de nosotros mismos. La imagen de un país cuyos servicios públicos funcionan mucho mejor que en muchos países de los que habitualmente tomamos como ejemplo, en el que la sociedad está bastante menos dividida de lo que parece y en la que incluso en el peor momento imaginable se ha conseguido una unidad institucional nada despreciable.

A estas horas, conforme se van conociendo más despacio los pormenores de lo ocurrido, es muy probable que se abran nuevos frentes. Un atentado es siempre una victoria de los terroristas frente a las fuerzas de seguridad en su batalla cotidiana para evitar los atentados. Durante 13 años, el yihadismo no ha sido capaz de atentar en España y eso es el resultado de 13 años de victorias policiales sobre los terroristas. El jueves pasado se truncó la racha y es posible que, a ello, hayan contribuido errores policiales, de previsión o de coordinación. Durante todos los años de ETA, incluso durante el 11M, aprendimos lecciones muy valiosas como sociedad. Una de ellas es que los únicos responsables de los atentados son los terroristas y que los fallos, cuando los hay, no se usan políticamente sino para aprender y mejorar. No olvidemos ahora lo que con tanto dolor aprendimos.

Horacio Royo

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