Así fue la economía española en 2017

La demanda nacional y el saldo exterior permitieron que España creciera un 3%.

Las políticas expansivas marcadas por el BCE han sido beneficiosas y la tendencia indica que este año pagaremos menos por nuestra hipoteca.

Acabamos de consumir el primer mes del 2018, por tanto es conveniente echar la vista atrás y analizar cómo fue el año anterior desde el punto de vista económico. A pesar de no contar con la totalidad de los datos, sí podemos realizar una radiografía bastante exacta. Funcas, institución de carácter privado que recoge datos económicos, ha publicado recientemente un informe donde aglutina todas las previsiones que se hicieron para nuestra economía y prácticamente han sido superadas en todos los indicadores. Este es el primer hecho que nos da motivos para un cierto optimismo. Si en año 2016 la previsión del PIB era de un 2,4 %– para 2017– la realidad es que este principal indicador de la economía subió hasta el 3,1 %. Si ahondamos en los dos elementos que sustentan el PIB, el crecimiento entre la estimación y la realidad también se ha producido. Si para la demanda nacional era de 2,2 %, esta se situó en 2,5 % y si para la aportación del sector exterior era de un 0,2%, al final terminamos en un 0,6 %. Análogamente igual podríamos seguir con más indicadores.

Quédense con este lema: “La confianza es la base de la economía”.

¿Por qué es importante superar las previsiones? Con esta pregunta estamos dando por hecho una realidad, que es importante, y el porqué de la pregunta se contesta con la palabra confianza. El Gobierno puede utilizar para futuras previsiones que no le convengan esta bala en la recámara (“las anteriores estimaciones también fueron a la baja”) pero, dejando de lado argumentos discursivos, también la confianza puede entenderse como una mayor fortaleza para, entre otros asuntos, una renegociación de la deuda o una mejor financiación –a nivel macroeconómico– y un aumento del gasto de los ciudadanos, a nivel micro. Quédense con este lema: “La confianza es la base de la economía”. El ejemplo más claro son las fluctuaciones en la prima de riesgo.

Una vez visto los aumentos entre las previsiones y la realidad, a falta de pocos datos económicos, analicemos cómo ha sido el pasado año. El indicador económico por antonomasia es el Producto Interior Bruto, que –como ya he comentado– se situó en el 3,1 %, cifra que coincide con el último trimestre de dicho año. Si buceamos en el interior de la demanda nacional, observamos que el único indicador que descendió es el de consumo de los hogares; en 2016 fue de un 3 % (con un aumento de un 2,6 % con respecto al año anterior) mientras que el del año pasado descendió seis puntos porcentuales. ¿Preocupante? No del todo, por dos motivos principales: todos los demás indicadores apuntan en otra dirección y hay cifras más bajas, e incluso negativas, durante la crisis; pero es sintomático de algo. Una explicación, que no puede verse reflejada en este dato, es el ahorro, ese gran olvidado. Muchas familias han estado viviendo al día durante los años más duros de la crisis y no han podido ahorrar todo lo que hubieran deseado. Con una mejor situación económica, el ahorro puede aumentar aunque el gasto pueda influir en un menor ahorro.

La construcción ha salido del hoyo y vuelve a cifras anteriores de la existencia de problemas económicos.

Otro dato relevante dentro de la demanda nacional es la formación bruta de capital fijo, bienes duraderos que las empresas adquieren o construyen vistas a un año para incrementar sus activos fijos. Su evolución con respecto al año anterior ha aumentado más de un 1 % en términos globales y en la construcción (actividad más golpeada en la crisis) prácticamente el doble. Esto se traduce en que el sector de la construcción ha salido del hoyo y vuelve a cifras anteriores de la existencia de problemas económicos (recuerdo que en el año 2012 este indicador era de un 9,7 % negativo). Buena noticia siempre y cuando España no vuelva a apostar todo su patrimonio al ladrillo.

El segundo elemento del PIB, el saldo exterior, también superó con creces al del año 2016. Las exportaciones, en su conjunto, subieron 4 décimas porcentuales (de 4,8 % a 5,2 %) y las de mercancías cinco puntos; de igual manera que las importaciones, cuya subida fue de un punto porcentual a nivel global (de 2,7 % a 3,7 %) y de más de dos puntos y medio en el volumen de bienes de capital (de un 4,1 % a un 6,8 %). Ambos datos indican que el sector exterior español estuvo saneado. En resumen, la demanda nacional (lastrada únicamente por el consumo de los hogares) y el saldo exterior permitieron que el crecimiento español se situara, en el año 2017, una décima por encima del 3 %. El único inconveniente que podemos poner al sector exterior del ejercicio anterior es la caída en la variación interanual de la balanza de pagos de bienes y servicios; es decir, la diferencia entre la exportación y la importación de las correspondientes balanzas comercial y de servicios ha sido menor. ¿Preocupante? Si la tendencia no continúa, no.

Producto Interior Bruto

Producto Interior Bruto

En cualquier análisis de coyuntura económica, estudio detallado de un momento específico de la sociedad, es fundamental poner el ojo en el ente superior al país en cuestión, en este caso la Unión Europa. El primer indicador a analizar es la Aportación española a la M3 Eurozona, que en román paladino significa el dinero en circulación más todo tipo de depósitos. Las variaciones de este dato deben cruzarse con el PIB. En el año 2017 ambos índices descendieron, por lo tanto no podemos sacar conclusiones certeras (pero sí podemos decir que no existió ni inflación desmesurada, ni problemas de liquidez). La bajada de tipo de interés al 0 % y el Euribor, indicador de referencia de la mayoría de las hipotecas, permiten –en la teoría– que los bancos puedan ofrecer mayor liquidez; puesto que el tipo de interés al que las entidades financieras prestan su dinero es menor. Es cierto que el Euribor se mantuvo por encima que el del año anterior pero al estar por debajo del 0 % no es preocupante. Dos conclusiones: las políticas expansivas marcadas por el BCE han sido beneficiosas y la tendencia indica que este año pagaremos menos por nuestra hipoteca.

Otro dato enormemente positivo es el aumento exponencial de los nuevos créditos a empresas y familias (de 13 puntos negativos en 2016 a un 5,5 positivo). Para saber si es un espejismo o no, debemos esperar al presente año (aunque el periodo pasado ya volvimos a nieves previos a la crisis). Esta cifra esperanzadora guarda una estrecha relación con la de la formación bruta de capital fijo (ambas in crescendo).

Precisamente el objetivo de la `malvada´ ley de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera es equilibrio de las cuentas.

El único, pero a la vez gran, problema de la economía española es su deuda, no porque haya aumentado mínimamente con respecto al 2016 sino porque en noviembre fue del 98,44 % del PIB. Es cierto que la situación actual es de notable, después de la subida de la agencia de calificación de la deuda Fitch, pero niveles tan elevados lastran a un país. ¿Soluciones? No seguir aumentando el gasto –o mejor dicho, reducirlo– que genera déficit y que en última instancia se traduce en deuda, con sus respectivos intereses. Precisamente el objetivo de la `malvada´ ley de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera, promovida por Cristóbal Montoro, es el equilibrio de las cuentas –pero luego todo los políticos quieren apuntarse el tanto–. No obstante, no olvidemos que más de un 70 % de la deuda viene de la administración central.

Los datos anteriores pueden ser cruzados con los que nos ofrece el apartado específico del sector público, que nos muestra una cara algo más positiva. El déficit del Estado en 2017 se redujo con respecto al del año anterior y por tanto, la variación interanual subió más de 5 puntos porcentuales. Por último, el saldo total de las administraciones públicas también disminuyó. Todo nos indica que vamos por el camino correcto.

Otro bloque del análisis de coyuntura son los indicadores de actividad y demanda, donde observamos dos categorías muy diferenciadas. En la primera se aprecia una subida muy importante del Índice de Producción Industrial, que mide la evolución mensual de la actividad productiva, llegando en noviembre del pasado año a prácticamente triplicar el dato del año 2016; es decir, que industrias como las extractivas, manufactureras, de producción y distribución de energía eléctrica, agua y gas volvieron a niveles previos a la crisis (como recordatorio, este indicador llegó a marcar 6,7 puntos negativos en 2012).

Economía española

Dentro del bloque de cifras positivas encontramos las del consumo de energía (que en el último mes de 2017 quintuplicó el total del 2016). La compraventa de viviendas, un indicador significativo del poder adquisitivo de la población, en octubre de 2017 superó 10 puntos porcentuales al total del año pasado. Probablemente, no exista un precedente histórico de la subida de los visados –indicador de la construcción adelantado seis meses–, que en 2017 fue de un 24,5 %, 4 puntos porcentuales más que el año anterior. Pero si nos fijamos en octubre del 2017 esta cifra se dispara hasta un 53,9 %. Por indicar un mes trágico, en la primavera de 2008 este indicador marcaba -67,3 (sí, han leído bien). Al ser un indicador adelantado puedo afirmar, de nuevo, que la construcción está cerca de volver a sus mejores tiempos y va en consonancia con la creación de puestos directos e indirectos.

Cada vez existen más posibilidades y a un menor precio para pasar una noche, pese a los intentos de determinados gobiernos de usar la prohibición como forma de gobernar.

Otros indicadores de la actividad y demanda muestran una cara más negativa de nuestra economía, aunque no del todo preocupante. Las pernoctaciones en los hoteles ralentizaron su subida hasta un 2,7 por ciento; es decir, que se sitúa 4,7 puntos porcentuales por debajo de la tasa de crecimiento del 7,4 % registrada en 2016. La explicación la encontramos en dos meses específicamente malos, febrero y marzo, pero sin contar esta salvedad, las variaciones mensuales con respecto a 2016 son positivas. Además, no podemos olvidar que cada vez existen más posibilidades y a un menor precio para pasar una noche, pese a los intentos de determinados gobiernos de usar la prohibición como forma de gobernar.

Si el consumidor tiene confianza aumenta el gasto y ayuda a reactivar la economía.

El comienzo de 2017 para el indicador de ventas al por menor fue malo y los tres primeros meses –con cifras negativas– lastraron los trimestres consecutivos, lo que explica una caída de más de dos puntos. Aunque observando la serie histórica podemos afirmar que es un hecho coyuntural y que el comercio minorista no corre peligro en el presente año, como sí ocurrió en 2012 donde el dato fue del -7,4 %. Lasmatriculaciones anuales en 2017 descendieron tres puntos porcentuales, disminución ridícula si tenemos en cuenta que el Gobierno suprimió el Plan PIVE en 2016. En este punto debemos hacer una reflexión: ¿ha sido una tragedia que el estado no estimulara con dinero público la compra de vehículos? La respuesta es no. Bien es cierto que fue una medida muy positiva que sirvió para retirar de la circulación los coches antiguos. Pero sabíamos que era una medida con fecha de caducidad (pese a que todos los años existiera la incertidumbre de si habría o no una prórroga).

El último indicador de este grupo se mantuvo en negativo pero poco a poco fue remontando con el paso de los trimestres. El nivel de confianza del consumidor creció 4 puntos porcentuales, aunque se situara en terreno negativo. No tengo que recordar datos de 2012 donde este indicador se hundía más de 30 puntos. Si el consumidor tiene confianza aumenta el gasto y ayuda a reactivar la economía.

Hipoteca

Las categorías anteriores del análisis de coyuntura podrían parecer algo abstractas pero empleo, paro, precios y salarios seguro que no lo son. ¿Fue 2017 un buen año para el empleo? La respuesta es neutra con cierto tono afirmativo (por la bajada de más de dos puntos de la tasa de paro) aunque no mucho mejor que 2016. Los ocupados a tiempo completo descendieron dos décimas porcentuales (de 3,0 % a 2,8 %). Los ocupados, según la Encuesta de Población Activa (EPA), lo hicieron una décima –aunque varios meses superaron el total del 2016–. Por último, la población activa (cantidad de personas que se han integrado al mercado de trabajo) continuó en términos negativos. Estas cifras nos muestran un mercado de trabajo plano que todavía tiene lastres de la crisis y que solo remontará de verdad cambiando el modelo productivo; es decir, con la inclusión de mejoras tecnológicas– que a corto plazo pueden destruir puestos de trabajo– pero que a un medio y largo plaza crearán nuevos empleos, con una mayor cualificación y por tanto mayor salario.

Otro de los problemas del mercado laboral español es la competitividad y la productividad. El balance en ambos indicadores es negativo. Un país que no es competitivo tiene un serio problema. Durante la crisis hemos intentado ser más competitivos bajando salarios y no ha sido una fórmula eficaz. Obviamente, al tener una moneda común es imposible bajar su valor, como sí podíamos hacer antaño. De nuevo, la respuesta es aportar un valor añadido y la clave puede estar en la tecnología. En este punto también podemos incluir la marca España, que de forma conjunta es francamente positiva y jugosa en el exterior pero que a nivel minorista no se sabe exprimir del todo y algunos (como ocurre en el sector vinícola y oleícola) están más preocupados de ganar más que los demás, olvidando un crecimiento conjunto. No obstante, para este último sector precisamente, fue un 2017 muy rentable económicamente.

A corto plazo una subida de salarios se traduce en una posible pérdida de puestos de trabajo, al ser las pequeñas y medianas empresas, las que sostienen, en mayor parte, la economía española.

Una de las grandes falacias a la hora de abordar el mercado de trabajo es no tener en cuenta el coste laboral por trabajador; es decir, cuánto le cuesta a un empleador realizar un contrato a una persona. Algunos únicamente se quedan en el salario mínimo interprofesional. No obstante, con todos los componentes sí podemos decir que la recuperación se olvida de los salarios. Este año ya hemos conocido un incremento salarial (con condiciones). Noticia sin duda positiva, aunque hay que tener en cuenta que a corto plazo una subida de salarios se traduce en una posible pérdida de puestos de trabajo, al ser las pequeñas y medianas empresas, las que sostienen, en mayor parte, la economía española.

Otro dato negativo para nuestra economía, y guarda una estrecha relación con la productividad, es que a un empresario español le cuesta 6 veces más contratar a un empleado que la media de la eurozona; y repito que la bajada de salarios puede funcionar un tiempo pero ni mucho menos es un medida sostenible en el tiempo; no porque sea injusta, que también, sino porque a la larga se traduce en que los productos sean de menor calidad y por tanto, también perderíamos competitividad.

Competitividad

Otro indicador importante relacionado con la productividad es el deflactor del PIB. Su objetivo es medir la evolución de los precios teniendo en cuenta todos los bienes y servicios producidos en una economía; por lo tanto es un indicador más preciso que, por ejemplo, el IPC. Aunque los datos del Índice de Precios al Consumo y delsubyacente recogieron una subida importante en el caso del primero (del -0,2 % al 2 %) y en lo relativo al IPC subyacente –medidor de inflación que no recoge ni los productos energéticos ni los alimenticios sin elaborar– la subida fue mínima, tan solo de 0,3 décimas porcentuales. En un primer análisis una subida de precios es negativa, pero el incremento de los productos también es sintomático de una economía que crece. Aunque lo ideal es que los salarios lo hicieran en la misma proporción. No podemos dejar de mirar cómo se comportaron las subidas de los precios en nuestro país en comparación con la Unión Europea, IPC armonizado. La dinámica fue similar que en España, existió una subida importante de más de un punto con respecto al año anterior (de un -0,6 % en 2016 a un 0,5 % en 2017).

La variación anual del coste laboral unitario se situó el año pasado en el –0,2 %, siete décimas por debajo del deflactor implícito del PIB (0,3 %). Por lo tanto, los salarios –lejos de contribuir al aumento de la inflación– la redujeron. Si realizamos una comparación con el PIB, durante el 2017, el avance por trabajador ocupado fue alrededor del 1 %, que coincide prácticamente con el deflactor de la producción.

Todos estos datos nos muestran fríamente una radiografía de cómo ha sido la economía en 2017. Utilizo el adjetivo frío porque no es posible conocer otras causas que no sean las de causalidad económica; es decir, que el factor político no tiene cabida. Por lo tanto, es importante contextualizar las cifras en la línea temporal. Todos los organismos estatales y supranacionales coinciden que el principal riesgo para la economía, de forma concreta, pero también para nuestro país es la, todavía, incertidumbre de la política catalana. Los independentistas aparte de socavar la convivencia en Cataluña, el autogobierno y su economía autonómica, también han dinamitado las previsiones de crecimiento para España. La aplicación del artículo 155 ha servido para relajar las incertidumbres y frenar la sangría de empresas que huían, como Puigdemont, de la comunidad catalana. Pero costará mucho trabajo restablecer la situación para volver a la normalidad típica de cualquier región.

¡Estad alerta! Todos los lugares están plagados de agoreros económicos que de forma interesada hacen predicciones y valoraciones sin ninguna lógica. Es aún más preocupante cuando las afirmaciones las realizan sacrosantos economistas. No soy economista ni pretendo disputar sus competencias pero desde el periodismo debemos explicar los conceptos para que, como decían en la facultad, “hasta nuestra abuela lo entienda”. Ese ha sido el objetivo de esta publicación.

Alberto Sanz Blanco

Artículo publicado previamente en este blog 

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