Aragón tiene sed

Joaquin Olona

Hay una cosa que me gusta especialmente del Puente de Piedra de Zaragoza. El Puente de Piedra tiene un especial magnetismo anulador con la virtud de polarizar la mirada cada vez que lo atraviesas, condicionando tu capacidad de elección y obligándote a mantener la vista hacia donde su voluntad quiere.

Es habitual que en la primera mitad del puente tu mirada se dirija automáticamente al Pilar. Pocas personas creo que crucen este puente de entrada a la ciudad y miren hacia el lado opuesto. Pese a ser una obra anterior al propio Pilar parece que este puente esté geoestratégicamente colocado para que tu vista no pueda mirar a otro lado que no sea el templo metropolitano.

Esta semana, en cambio, sea cual sea el puente que atraviesen los aragoneses, la mirada no ha podido dirigirse a otro sitio que al esquilmado, desértico y pantanoso Río Ebro a su paso por la capital. De como si en cuestión de semanas la cuenca se hubiera tragado un río que, cuando a algunos interesa decirlo, es de los más caudalosos de España pero que por su naturaleza es uno de los menos regulares de la península ibérica y que se enfrenta a un futuro difícil.

La llamativa situación de nuestro río, sumado a las oportunistas declaraciones de algunos políticos de estos que vienen a apagar fuegos con gasolina, me hacen recordar aquellas amenazas que décadas después siguen rodeando a los aragoneses y que no debemos olvidar los más jóvenes.

El Ebro se seca

No podemos obviar que el cambio climático es una realidad aplastante que esquilma nuestro río y sus principales afluentes. Mientras en los años setenta y ochenta el Ebro aportaba al Mediterráneo hasta 17.000 hm3 de agua dulce, en la actualidad el Ministerio de Medio Ambiente calcula una media de 10.000 hm3 cuando hay años que no llega a 9.000. Esto se suma a las previsiones de constante descenso que desgraciadamente harán que la imagen de un Ebro casi pantanoso sean cada año más habituales.

El pacto del agua

El Pacto del agua es la base firme sobre la que los aragoneses debemos afrontar la recuperación del consenso hidráulico y que haga que seamos los protagonistas de nuestro futuro. Un futuro en el cual el agua es la principal pieza del puzzle ya que donde no hay agua no hay vida.

El Pacto es la garantía que concibe el agua como un bien escaso, que llama a su optimización y que blinda a los aragoneses en torno a los 6á550 hm3 que nos pertenecen por Estatuto y que seguimos vertiendo al mar mientras a menos de 50km del Ebro nuestros campos no tienen agua con la que regarse por una
infraestructura hidráulica que parece nunca llegar. Pero no solo eso, el Pacto del Agua es un motor de desarrollo que contempla hechos como el uso recreativo de los embalses y toda la economía que gira en torno al agua en Aragón.

El oportunismo

El oportunismo es un arma muy peligrosa en política. Algunos partidos políticos lo saben y hacen uso cuando calculan que la renta de votos es útil para sus intereses. Por eso mismo no es de extrañar que en los últimos meses los aragoneses tengamos que soportar como partidos, que aun teniendo representación institucional en Aragón, traigan desde su sede en Barcelona un mensaje de que es necesario, útil y viable un mini-trasvase del Ebro en Cataluña. Al insultante hecho para los aragoneses de que Inés Arrimadas o José Manuel Villegas vengan a Aragón defendiendo las bondades de un trasvase se une el agravante de que la delegación de su partido en Aragón acoja con los brazos abiertos estas
declaraciones dándolas como buenas.

Con el pretexto de la situación de las obras del Pacto del Agua sin completar y las complicadas previsiones de caudales, fruto de la sequía y el cambio climático sobre nuestro río, que hacen que Aragón no tenga agua suficiente para regar sus campos y sostener una fuente de riqueza en torno al agua, los aragoneses no debemos permitir la falta de respeto a nuestra fuente de vida ni, sobre todo, a nuestra
inteligencia. Debemos seguir luchando por nuestro río y por las oportunidades de futuro que tenemos sobe él. Aragón tiene sed de agua y de futuro.

Por Rubén López, concejal en Azuara (Zaragoza) y Presidente de ROLDE, los jóvenes del Partido Aragonés.

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