Angela Merkel inicia su cuarta etapa como canciller alemana

Angela Merkel JOHN MACDOUGALL | AFP

La líder democristiana consigue ser investida canciller gracias al apoyo socialdemócrata después de seis meses de parálisis política

Angela Merkel tiene la sartén por el mango por cuarta vez consecutiva. Tras doce años de liderazgo de Alemania, el pasado miércoles fue investida canciller acabando así con una parálisis gubernamental que ha durado seis meses. Las elecciones de septiembre de 2017 no le concedieron la mayoría suficiente para gobernar, por lo que se inició una búsqueda de alianzas que ha derivado en la casi tradicional gran coalición con los socialdemócratas.

171 días de negociaciones marcadas por la necesidad de encontrar apoyos y la falta de acuerdo desembocaron en el esperado día para Merkel: de los 692 diputados presentes en el Bundestag (cámara baja), 364 fallaron a su favor. En contra 315, se abstuvieron 9 y 4 fueron voto nulo. Así se alzaba por encima de la mayoría requerida de 355 votos para poder hacer frente al que, muchos estiman, será su último mandato. Tras su elección en el Parlamento, la recién nombrada canciller acudió al Palacio de Bellevue, para recibir su título del jefe del Estado, Frank-Walter Steinmeier.

Los socialdemócratas y los democristianos: una historia de amor y odio: La canciller recurrió a los socialdemócratas en su primera legislatura (2005-2009), y realizó un parón durante la segunda para volver a recurrir en ellos en la tercera (2013-2017). Sin embargo, a pesar de la estabilidad de haber conseguido una formación formal del ejecutivo por cuarta vez, muchos alemanes sienten que la alianza entre los socialdemócratas (SPD) de Martin Schulz y los democristianos (CDU) de Merkel está pasada de tuercas. El varapalo que sufrieron ambos partidos en las pasadas elecciones fue una muestra de ello. El partido de izquierdas llegó a presentar sus mínimos históricos desde 1949: tan solo logró un 20,5% de los votos. Por su parte, la CDU se hacía con la victoria gracias a un insuficiente 33% de los votos, casi otro mínimo histórico. La gran coalición de socialdemócratas y democristianos, era, para los socialdemócratas demasiado de derechas, y para los democristianos, una política muy izquierdista. Es decir, votantes de uno y otro bando se sintieron perdidos en los intentos de Merkel y Schulz de estar de acuerdo, por lo que muchos radicalizaron su postura.

Pese a las reticencias, la GROKO (“Grosse Coalition”) volvió a emerger cuando parecía que no volvería a unirse. Ambos partidos, escaldados de las elecciones decidieron que no volverían a hacer frente común: Schulz renegaba completamente de Merkel, y Merkel se enfocaba en buscar apoyos entre Los Verdes y los liberales, unas alianzas que no terminaron de cuajar. Pero, al ver la dilatación de las negociaciones en las que no se percibía luz al final del túnel, el jefe del Estado, socialdemócrata, instó a Schulz a abrirse al diálogo con Merkel. Así lo hicieron. La Unión Demócrata cristiana (CDU) y su rama bávara, la Unión Social cristiana (CSU), de centro derecha junto a los socialdemócratas ya forman Gobierno. Se blindan así frente a la amenaza de Alternativa por Alemania (AfD), el partido de extrema derecha que se ha convertido en la primera fuerza de la oposición con 92 escaños. En segundo lugar, se encontraría el Partido Liberal (FDP) con 80 escaños. En tercer lugar, suben en popularidad La Izquierda con 69 y en cuarto Los Verdes, con 67.

Los neonazis de la AfD se convierten en la primera fuerza de la oposición: Alternativa por Alemania (AfD) es un partido de extrema derecha, que promueve la vuelta al marco alemán, euroescéptico y xenófobo con una asentada ideología neonazi. A pesar de ello, escaló puestos durante las pasadas elecciones de 2017, cuando una buena parte de los votantes de Merkel, descontentos por un supuesto viraje a la izquierda derivado de su coalición con los socialdemócratas, se pasaron a su bando. Se convertía entonces en el tercer partido más votado en las elecciones y entraba en el Parlamento. Era la primera vez que un partido neonazi conseguía tener tantos apoyos como para formar parte del Parlamento desde la 2º Guerra Mundial. Ahora es la oposición más fuerte de la GROKO, y todo un desafío para la canciller que tendrá que saber canalizar el miedo y el odio que pretende sembrar Alternativa por Alemania, especialmente, frente a la crisis de los refugiados.

MERKEL Y MACRON, CODO CON CODO PARA IMPULSAR LA UNIÓN EUROPEA: Alemania ya tiene una nueva pero conocida líder, por lo que la potencia económica más boyante de Europa busca volver a la normalidad. Angela Merkel, realizó su primera salida al extranjero como renovada canciller rumbo a Francia, para determinar junto a su presidente, Emmanuel Macron, la hoja de ruta del eje franco-alemán. Ambos líderes, pese a sus diferencias, desean retomar las negociaciones tras los seis meses de parón por el panorama alemán, y “refundar la Unión Europea”. Entre sus objetivos primordiales destacan la unión económica y monetaria, además de las políticas migratorias y de defensa, aunque también abordarán la educación y la investigación.

Sin embargo, la Unión Europea pasa por momentos difíciles: el Brexit supone una ruptura muy significativa de la buscada unidad y los partidos euroescépticos comienzan a ser una realidad preocupante. El resultado a favor de estos en las recientes elecciones italianas puso de relieve la fuerza que está tomando este tipo de discursos.

Macron apuesta por realizar una unión bancaria, un presupuesto común, algo que Merkel no termina de ver con buenos ojos porque muchos de sus votantes no están dispuestos a invertir más en reforzar el euro. A pesar de esto, la canciller admitió durante su encuentro en París que es consciente de la necesidad de estabilizar el euro y de “mejorar la competitividad y la capacidad de innovación” de la Unión. Con la mirada puesta en el Consejo Europeo de junio, Francia y Alemania comienzan a trabajar conjuntamente para perfilar las posibles reformas y fijar la renovación del tratado franco-alemán de 1962.

Aurora Isabel Martínez Sanz

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