Agarrados al botijo

Como un cometa que regresa con exactitud matemática, aparece en nuestro orbe un viejo conocido de los aragoneses. El trasvase y las aguas.

Por un lado, hemos conocido recientemente de la solicitud de nuestros vecinos del este, (No, querido lector. Nuestros vecinos del este no son los Balcanes, ni Rumania) para realizar aportaciones hídricas entre la cuenca del Ebro y las cuencas interiores de Cataluña.

Por otro lado, hemos visto el resurgimiento, o epifanía (no tenía constancia de su existencia previa) del movimiento pro gestión pública del agua, encabezados por otro cometa de eterno retorno como es el profesor Pedro arrojo, en este momento y tras su experiencia docente y asociativa subsidiada, se ha unido a las filas de la nueva política (no la del agua, la de los leones del parlamento).

Para rizar el rizo de nuestras movidas históricas con el agua, tenemos a las plataformas en defensa de los ríos y sus valles. El Aragón, el gallego (que cumple 30 años de reivindicaciones y luchas), el bergantes, contra el recrecimiento de Yesa, por la paralización de Mularroya, contra Biscarrues.

Tenemos también a los agricultores que llevan los mismo o más años revindicando, el cumplimiento del pacto del agua, la realización de las grandes y las pequeñas obras hidráulicas que en él se reclaman.  Han pasado 25 años del vetusto Pacto del Agua, y más de 15 desde su última revisión.  El pacto que venía a traer la paz sirvió más bien de poco, pues poco se hizo y poca paz trajo.

Nos prometieron que Zaragoza bebería agua del pirineo, ¡agua mineral saliendo por el grifo! ¿vaya chollo no? Regaremos los Monegros, las Bardenas, el desierto de Belchite, el regadío nos hará libres, nos hará felices, nos hará ricos.

Pero no señores, la cosa sigue fea. Encima ahora para joder y después de más de 15 años de haber olvidado el fantasma del trasvase, esté vuelve. Otra vez el puñetero eterno retorno. Porque si bien no somos capaces de darle un uso productivo a las aguas que pasan por nuestra tierra, no podemos permitir que se la lleven a ningún lado. (Lo cual es normal y lógico, desde muchas y diversas posiciones)

Y luego tenemos el ICA; el impuesto de la contaminación de las aguas, un hachazo al bolsillo para unos, para otros un impuesto necesario para poder realizar la depuración de las aguas en términos de calidad. Un repago de algo ya pagado para los comunes de ZEC en el ayuntamiento de Zaragoza. Un tema muy complejo que se adorna con el debate soterrado de la solidaridad entre ciudad y territorio, con la ley de capitalidad, los presupuestos, la colaboración institucional. Ósea y como casi siempre en esta tierra un buen follón acuático.

Claro con esto de las aguas, y el ICA; ha salido a la luz una de esas consecuencias funesta de cuando éramos todos ricos. El plan de depuración de Aragón, básicamente un plan del PAR (con el PSOE mirando para otro lado en virtud de sus acuerdos de gobierno) consistente en montar depuradoras y sistemas de tratamientos en todo el territorio de Aragón. Recordemos al lector que en el 2009 aun éramos ricos, o eso nos pensábamos y el consejero Bone, se sacó de la manga un mega plan que iba a depurar agua como si en Aragón viviéramos 3 o 4 millones de habitantes.

A ver, en el 2009 además de ricos, éramos anti cíclicos, keynesianos, expansivos, la crisis no era tal, el consejo era invertir en obra pública, dinamizar la economía. Etc…

No entrare a decir si hubo maldad delito malversación o cualquiera de esas feas palabras relacionadas con las políticas de obra pública. Sí que diré que fue una buena cagada.

Sí que diré que estoy a favor de que se abra la comisión de investigación, me jode que se hayan llevado el mérito el movimiento ecolo-populista, pero es lo que toca. En este tema el gobierno no ha estado listo, tan fácil como levantar un poco la alfombra desde el Dpto de desarrollo rural y poner encima de la mesa la responsabilidad de los que ejecutaron la mayoría de las obras en el periodo 2011 – 2015.

Como decía la Ronda de Boltaña, somos un pueblo de agua en un seco País, el agua es riqueza, es agricultura, es turismo, es salud y vida. Pero también es conflicto, negocio, estrategia, identidad y frontera. Tenemos pendiente en nuestra tierra abordar otra vez y no sé cuántas van ya el debate sobre el agua, sobre su uso almacenamiento, distribución, ahorro y reciclaje.

Han pasado ya 15 años o más desde que el ahora diputado Arrojo promulgara la nueva cultura del agua. Aunque parezca que fue ayer se ha quedado un poco vieja, la tecnología mejora de manera exponencial, las necesidades humanas cambian, la globalización se refuerza y el desierto ese que tanto carácter nos da, sigue avanzado, sigue avanzado mucho. Cada día más viejos, cada día más secos, cada día menos. Igual toca hacer una nueva “Nueva cultura del agua”.

Mientras tanto el tiempo sigue pasando y el agua sigue corriendo, seguiremos temiendo las riadas, las sequias, y en verano cuando el calor apreté, seguiremos que para eso lo tenemos aquí agarrados al botijo.

Miguel Serrano Martínez

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *