A pesar de tres siglos de feminismo

Duele saber que a pesar de los esfuerzos del movimiento feminista durante los últimos tres siglos por alcanzar la igualdad entre mujeres y varones, hoy tenga que escribir este artículo.

Tengo que admitir que no hay noche que salga de fiesta y no se me revuelvan las tripas, y no solamente por el alcohol. Sales pensando que te espera por delante una noche maravillosa donde poder olvidar por unas horas los problemas, pero termina siendo al contrario. Entras en terreno hostil dónde las ideas patriarcales florecen con una facilidad sensacional. Te encuentras al joven macho viril con su gorra –por si acaso alumbra mucho la farola- andando encorvado a paso firme y mirando orgulloso a su alrededor hasta que llega al rincón dónde le esperan más simios de su especie. La manada, después de saludarse, no se satisface con demostrarse entre ellos lo masculinos que son, quieren que todo el mundo lo sepa. Así pues, deciden gritar a cada mujer que pase. Como gritar versos de Neruda resulta trabajoso, comienzan a vocear ‘Pero que culazo rubia’, o declaraciones de amor a primera vista ‘Ya verás cuando te pille’.

No quiero dar a entender que todos los jóvenes se comportan así, eso sería apocalíptico. Pero por desgracia, cada vez veo más comportamientos de este estilo. O incluso peores. En una verbena de mi barrio, hace apenas unas semanas, tenía al lado a dos chicas de trece años bailando. Habían venido con sus padres, quienes se encontraban al otro lado de la sala. En frente de ellas había dos chicos de unos veinte años mirándolas fijamente. De repente, sin mediar palabra, se acercan a las niñas, uno le coge la mano a la más bajita y se la pone en el pene de su amigo. Lo más escalofriante fue cuando fui a interrumpir la situación y él se defendió diciendo ‘Es que a mi amigo le había gustado esta chica’ ¿Qué esperaba que le contestara? ‘Vale perdona. Si él quiere algo con ella, tiene todo el derecho a utilizarla’ En fin, un tanto estremecedor.

De fiesta, además, al tiempo que el alcohol hace su efecto, las confesiones comienzan a impregnar las conversaciones. Y rara es la noche que no oiga confesar a una chica que su novio o su exnovio le pegaba o le gritaba; le vigilaba el móvil o le prohibía hablar con sus amigos varones… y demás comportamientos que mucha gente piensa que dejamos atrás al comenzar el siglo XXI.

Según las macroencuestas realizadas en 2015, el 10,2% de las mujeres entre dieciséis y veinticuatro años ha sufrido violencia física a manos de su pareja. El porcentaje aumenta a 14% en las mujeres de entre veinticinco a treintaicuatro años.

Me gustaría que cuando las generaciones posteriores salgan de fiesta, las mujeres no se sientan acosadas cuando pasen cerca de un grupo de chicos. Me gustaría que no volvieran a casa con miedo a ser violadas. Me gustaría ver menos confesiones sobre violencia de género y más sobre las locuras que algún día se atrevieron a hacer. Me gustaría tantas cosas, que solo puedo llegar a una conclusión: hemos avanzado mucho pero nos queda mucho por avanzar.

Marta Casanova Corredera

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