40 años de la legalización del PCE

El Periódico de Cataluña
26 04 1977 LEGALIZACION DEL PARTIDO COMUNISTA ESPANOL. El Periódico de Catalunya

El 9 de abril de 1977, sábado santo, El Partido Comunista de España fue legalizado por el Gobierno de Adolfo Suárez después de casi 40 años de prohibición. Fue, sin duda, un hecho capital que abría la primera puerta importante a la democracia. Aún faltarían más puertas, algunas fuertemente atrancadas, aún sería preciso abordar un proceso de elecciones y de cambios institucionales sin los cuales cualquier paso por si solo resultaba insuficiente, y aún sería necesario ahogar el ruido de sables que sonaba con insistencia y peligro en altas instancias del poder.

La matanza de los abogados comunistas de la calle Atocha, 55 de Madrid, el 24 de enero anterior, y la movilización pacífica, responsable y decidida que siguió fueron los antecedentes directos e inmediatos de una legalización que, poco a poco, dificultad a dificultad y batalla a batalla se iba progresivamente imponiendo

Todo esto es necesario recordarlo. Si en España, tras la muerte de Franco –con las cosas, al decir de Régimen, atadas y bien atadas- fue posible un sistema democrático se debió, sobre cualquier otra razón, al impulso, empuje, movilización y presión popular. No fueron las artes políticas de unos dirigentes ni el fervor democrático de los nuevos gobernantes –arte y fervor que también algunos  pusieron a disposición de los cambios-, sino la voluntad ya irresistible de una mayoría que no aceptaba seguir en una España sometida, ajena a la libertad y asentada en las ideas totalitarias que hasta entonces habían prevalecido.

La legalización del Partido Comunista de España fue uno de los resultados de esta presión. No creo equivocarme si digo que fue el primer hito verdaderamente  determinante para la democracia. La libertad se expresaba, y no por casualidad, en la legalización de los partidos políticos hasta entonces prohibidos, y el Partido Comunista era, en este proceso de libertad, el símbolo decisivo. En aquellos años, el Partido Comunista, que no dejó de estar presente en la lucha contra el franquismo, tenía la capacidad, la política y la presencia social que ninguna otra organización podía atribuirse. Y que la represión se centrara de forma brutal en sus militantes, convertía su legalización en una medida decisiva, la que verdaderamente adelantaba y hacía creíbles los cambios,

Para los militantes del Partido Comunista, su legalización fue una explosión de libertad y de esperanza. Era no solo abrir las puertas de las cárceles donde todavía muchos de sus militantes estaban. Era también abrir las expectativas de una nueva sociedad, de un posible y diferente futuro.

Nadie discute hoy que la presencia del Partido Comunista de España en los primeros años de la democracia fue fundamental, tan decisiva que bien puede decirse que su contribución al asentamiento de la libertad fue ejemplar y determinante. La participación en la elaboración de la Constitución, su intervención responsable en la política de consenso, que no fue el resultado de ninguna cesión sino el del esfuerzo por garantizar y consolidad la democracia, y todo ello en unos momentos trágicos en los que seguían vivos y activos todos los instrumentos franquistas, son un bagaje que forma parte de la mejor historia de España.

Seguramente también, esta capacidad de presencia y movilización del PCE, esta esperanza militante y hasta muchas de sus previsiones sociales, chocaron con una sociedad mayoritaria que, queriendo la libertad, conservaba los temores y las prevenciones de los años de antes. Y seguramente también, el PCE, que había mostrado su empuje en la clandestinidad y su solvencia en las propuestas políticas, no supo, en la nueva situación acomodar su trabajo a lo que la voluntad de la mayoría estaba demandando. Hubo más factores, sin duda, pero hablar de los dichos es también acercarse a los hechos. Unos pobres resultados en junio de 1977, primeras elecciones generales libres en España después de los años, y hasta no pocos enfrentamientos internos en años posteriores dejaron de poner luz a un camino, el del PCE, que se esperaba brillante.

Hoy, quizás ese intento tantas veces mostrado por el PCE, de ser un partido autónomo dentro de su propia formación (Izquierda Unida), los cambios de una sociedad que no se detiene y que pierde desde la izquierda buena parte de sus iniciativas y contenidos, el triunfo de un liberalismo, que algunos califican de financiero, y que no ha sabido contrarrestarse por las fuerzas de progreso, y la propia prepotencia inane de la que se hace gala en la izquierda a menudo, han dado al traste, creo, con las expectativas que El Partido Comunista había representado. Pero ni ello es obstáculo para recordar con emoción los 40 años de una legalización que nos dio aire y libertad fundamentales, ni el futuro de la izquierda está escrito con letras inamovibles. Lo que sí está escrito en algún sitio es la necesidad de buscarlo.

Adolfo Burriel, Secretario General del PCE en Aragón entre 1982 y 1986.

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