26 días de aplausos

Estudiantes piden la dimisión de Cristina Cifuentes en la Puerta de Sol de Madrid // Ángel Herrezuelo Die
Estudiantes piden la dimisión de Cristina Cifuentes en la Puerta de Sol de Madrid // Ángel Herrezuelo Die

No,  Cristina Cifuentes no quiere presentar su dimisión 26 días después de surgir el escándalo del MásterGate. Sigue enrocada en su inocencia, cuando ya hemos podido comprobar que la mayoría de pruebas presentadas por la presidenta son falsas. Varios días después de surgir el caso compareció ante la Asamblea de Madrid para dejar claro que ella realizó su máster. En sede parlamentaria se dedicó a presentar numerosas pruebas de las que ya teníamos constancia, pero que no aclaraban absolutamente nada. Lo único bien que hizo fue pagar los casi 1.600 euros de matrícula que costaba el máster. Ahora bien, una vez cumplido el requisito económico, Cifuentes no hizo más. Se matriculó tres meses tarde, no fue a clase, no hizo los trabajos, tampoco los exámenes; el Trabajo de Fin de Máster (TFM) no lo presentó ante ningún tribunal (por eso ahora no aparece) y, para colmo, el acta de esa defensa del TFM tiene dos firmas falsificadas.

Pese a todo esto, ella sigue empeñada en defender su honorabilidad acusando que sí hizo el máster de Derecho Público del Estado Autonómico, mientras echa la culpa a la Universidad Rey Juan Carlos de proporcionarle actas y demás documentación falseada. Lo peor de todo es ver cómo está intentando salvar su carrera política por encima del prestigio de la propia universidad, muy dañado por este y el anterior escándalo de plagio del antiguo rector, Fernando Suárez Bilbao. Al cabo de unos días, pudimos verla rodeada de periodistas entrando en el Comité del PP en Sevilla, dónde recibió un largo aplauso de los asistentes. No sé si Cifuentes debería preocuparse, todos sabemos lo que significan las rondas de aplausos interminables en el PP nada más surgir un escándalo, malas noticias.

Recordamos a Rodrigo Rato, a Enrique Granados o el ex ministro José Manuel Soria, entre otros,  que recibieron numerosos aplausos ante las acusaciones que recibían y que acabaron, días después, con una dimisión de sus protagonistas por verse envueltos en un proceso judicial. Cifuentes tiene aún el beneplácito de Mariano Rajoy hasta que no sea acusada de ningún delito por un juez.  Mientras no se realice tal acusación gozará de aplausos y defensores dentro del partido, hasta que el PP acabe echándola como hicieron con Rita Barberá, a quien expulsaron al grupo mixto del Senado por el escándalo de la Operación Taula.

La indignación en la Universidad Rey Juan Carlos es notable. Los alumnos somos conscientes de que esto está devaluando nuestros grados e incluso hay gente ya que está sufriendo ese desprestigio en primera persona. La inmensa mayoría de estudiantes tenemos que hacer frente estos días a típicos comentarios como: “¿A ti te van a regalar también tu carrera?”, o incluso hay compañeros que se quejan de haber recibido comentarios en entrevistas de trabajo durante estas semanas: “Ah, vienes de la Universidad de Cristina Cifuentes…”. Este escándalo nos va a pasar factura a todos los alumnos de esta institución, y lo peor de todo es que hay gente que ni se da cuenta, que sigue como si nada, empañada en defender a la presidenta de la Comunidad de Madrid y al resto de políticos que se han beneficiado de esta universidad conocida por su opacidad, sus tramas clientelares y sus prácticas poco democráticas.

A pesar de lo que, desafortunadamente, muchos piensan sobre las protestas estudiantiles que se han producido tras este escándalo, éstas no son movimientos de izquierda ni de ninguna ideología en particular. Son movimientos de estudiantes que están muy hartos de tener que soportar estas tramas mafiosas dentro de nuestro campus. Son movimientos que quieren la dimisión de una presidenta que ha mentido e incluso ha falsificado documentación, y de un rector, Javier Ramos, que se precipitó a salir en rueda de prensa el día que descubrimos la información de eldiario.es  para defender a Cifuentes de manera clara y contundente. Posteriormente, inició una investigación interna porque no se fiaba de la documentación que le aportaba el equipo de profesorado del máster, en especial de Enrique Álvarez Conde, catedrático al frente del Instituto de Derecho Público que impartía el máster en la URJC. En una reunión con el Consejo de Estudiantes,  el rector afirmó que no quería dimitir porque ahora se estaba realizando una investigación universitaria, achacando que la institución pasa ahora por un momento muy difícil como para presentar su renuncia. Veremos si lo de dimitir viene después.

Ángel Herrezuelo Die, estudiante de Ciencia Política y Gestión Pública + Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid

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