100 días con Macron: impopularidad interna y consolidación internacional

CHARLES PLATIAU/AP

Las encuestas reflejan que solo un 36% de los franceses está satisfecho con su labor frente al 62% de hace tres meses

Desde hace décadas, los primeros 100 días de la Presidencia de un mandato se consideran punto de referencia para valorar la capacidad de un líder. Emmanuel Macron, presidente de Francia, recibe este periodo en el Palacio del Elíseo con un sabor agridulce: mientras prioriza la política exterior, su popularidad interna se desploma. La inicial ilusión por el presidente más joven de la historia de la V República ha dado paso a la insatisfacción de la mayor parte de la ciudadanía.

“En política, lo que no se hace en los primeros cien días, no se logra jamás”, ha afirmado en muchas ocasiones Jacques Attali, asesor de presidentes y mentor de Emmanuel Macron. Sin embargo, el propio Macron, cuando se postulaba para ser presidente francés, se posicionó en contra del concepto de los cien días, alegando que lo importante es la mirada a “largo plazo” y no la imposición de metas cortas. “Los últimos presidentes construyeron las condiciones de sus fracasos en las primeras semanas debido a la exageración, la negación de la realidad o la procrastinación”, afirmaba en abril, antes de la primera vuelta.

El 14 de mayo Macron comenzaba su mandato con gran expectación y confianza. Se presentó a Francia y al mundo entero como un presidente “jupiteriano”, es decir, todopoderoso. Esta voluntad de alzarse como un líder firme y fuerte fue aplaudida por los analistas en oposición a la sensación de vacío de poder del quinquenio de Hollande. Sin embargo, tras cumplir sus primeros 100 días en el cargo, la mayor parte de la ciudadanía parece descontenta con su gestión. La caída de popularidad del presidente galo dio su primer aviso el 23 de julio, cuando un sondeo para el Journal du Dimanche reflejó que sus niveles de popularidad habían bajado diez puntos en tan sólo un mes.

Según la última encuesta del Ifop, publicada el 11 de agosto, el 64% de los franceses no está satisfecho con el representante centrista. “Ya no hay tregua estival ni estado de gracia”, advirtió el director de Ifop, Jérôme Fourquet, para quien los franceses están a “a la espera de resultados y de una clarificación de las reformas”. Si se compara con su predecesor François Hollande, quien en sus primeros 100 días de mandato en 2012 conseguía contentar al 46% de los ciudadanos, Macron gana 10 puntos negativos. Asimismo, supone una brutal caída desde el 62% de aprobación de que gozaba Macron al inicio de su mandato. El descenso de su popularidad entre los franceses da por acabada la denominada “luna de miel” que suelen vivir los políticos y su electorado tras la elección.

Oídos sordos a los sondeos

A propósito de la fecha, el portavoz oficial del gabinete, Christophe Castaner, publicó una columna en su cuenta de Facebook, titulada “La transformación está en marcha”, para defender el camino emprendido por el partido de Macron, En Marche: “Cien días, reconozcámoslo, que no han estado exentos de dificultades (…) Pero, cien días útiles, incontestablemente, cien días de acción que han permitido establecer las bases de una transformación profunda de nuestro país”. Mientras Castener se esfuerza en alabar el trabajo del Ejecutivo, con argumentos como la defensa del Acuerdo de París sobre el clima, la promesa de poner fin al estado de emergencia, la adopción de la ley de confianza en la vida pública, la superación de las divisiones políticas o los recortes presupuestarios decretados en urgencia para lo que queda de año, los sondeos navegan en sentido contrario. “Sólo los franceses podrán juzgar los primeros cien días de quinquenio (…) Tres meses después de la elección de Emmanuel Macron, el objetivo sigue siendo el mismo, la hoja de ruta está escrita, la acción ha comenzado, Francia ha sido recolocada en el centro del juego”, insiste el portavoz del Gobierno en su positivo y categórico balance.

Ley de moralización de la ciudadanía

Al inicio de su mandato, Macron quiso darle sello de transparencia al impulsar su medida estrella: una ley de moralización de la vida pública que, como dijo su Ministra de Justicia, Nicole Belloubet, pretendía recuperar la “relación de confianza” de la población con la clase política. Esta norma prohíbe que los parlamentarios contraten a familiares como asistentes y restringe las actividades que los políticos pueden combinar con su acción pública. La medida fue impulsada tras una campaña cargada de escándalos de nepotismo y financiación opaca de los partidos: las revelaciones de empleos ficticios para su mujer e hijos del otro favorito presidencial, el conservador François Fillon; la dimisión del ministro Bruno Le Roux; o las investigaciones a la ultraderechista Marine Le Pen en otra candidatura por presunto desvío de fondos del Parlamento Europeo para pagar a empleados de su partido. Ante esta extendida práctica entre los políticos franceses, Macron no dudó en hacer de la moralidad una prioridad en su carrera al Elíseo.

No obstante, esta ley no tuvo el efecto ejemplarizante que Macron quiso trasladar a su propio Gobierno, a cuyos ministros calificó de “irreprochables”. Ese primer ejecutivo no le duró más que unas semanas. Cuatro ministros, François Bayrou (Justicia), Richard Ferrand (Cohesión territorial), Sylvie Goulard (Defensa) y Marielle De Sarnez (Asuntos europeos), se vieron obligados a dimitir por sospechas de empleos ficticios y de nepotismo en su entorno. A esto se añade la dimisión del jefe del Estado Mayor, el general Pierre de Villiers, a raíz de una disputa abierta con el presidente por la intención del Gobierno de recortar este año el presupuesto militar en 850 millones de euros. La opinión francesa no vio con buenos ojos esta polémica, la cual fue tachada de política de austeridad.

Una polémica reforma laboral

Una de las razones del descontento de los franceses es la reforma laboral que deberá ver la luz a finales del verano, un nuevo código laboral que prevé priorizar los acuerdos alcanzados por los empresarios en detrimento de los actuales acuerdos sectoriales. El gobierno presentará el 31 de agosto los detalles de esta controvertida medida, que, además, promoverá un nuevo modelo de contrato indefinido más fácil de rescindir. El presidente francés afrontará a finales de este mes el complejo dossier de la reforma laboral, que espera aprobar por decretazo antes del 21 de septiembre.

Esta norma no ha estado exenta de críticas por parte de la oposición y los sindicatos. La Confederación General de Trabajadores (CGT) ha convocado una huelga para el 12 de septiembre y la Francia Insumisa de Jean-Luc Melénchon organiza una gran marcha ante los previsibles recortes sociales para el día 21 del mismo mes. Con sólo 17 diputados, esta fuerza de la izquierda alternativa, creada a principios de 2016, se ha erigido en la principal voz opositora a Macron. “Que la Francia Insumisa lidere la oposición es una mala noticia para Macron. Si este se hubiera confrontado a Mélenchon en lugar de Marine Le Pen en la segunda vuelta de las presidenciales, el resultado hubiera sido bastante más ajustado”, asegura Jérôme Sainte-Marie, presidente del gabinete de análisis PollingVox.

Bajada de las ayudas al alquiler

La medida más impopular de Macron es la bajada de 5 euros mensuales de las ayudas al alquiler. El Ejecutivo ha decidido recortar estas subvenciones con un fuerte carácter redistributivo con el objetivo de ahorrarse 348 millones cada año, las cuales perciben 6,5 millones de personas, entre ellas 800.000 estudiantes. “Esta ha sido muy mal percibida por los franceses, ya que la ven como el anuncio de una bajada general del poder adquisitivo”, explica el analista político Philippe Breton.

Estos recortes contrastan, además, con la disminución de los impuestos a los más ricos que prepara Macron. A partir del 1 de enero de 2018, su gobierno prevé una supresión parcial del impuesto sobre la fortuna que pagan los contribuyentes con un patrimonio superior a 1,3 millones. Este regalo fiscal a los más ricos comportará que las arcas públicas recauden 4.000 millones menos. Según un sondeo publicado en el diario económico Les Echos, sólo el 33% de los franceses se declara favorable a esta medida.

Éxito internacional

Macron se ha esforzado por poner la política internacional como prioridad de su mandato. Sus primeras semanas en el Elíseo fueron aplaudidas por la firmeza que mostró al encontrarse con el presidente ruso Vladimir Putin y el norteamericano Donald Trump, visita que también recibió críticas por parte de la prensa y la opinión pública. “Francia está de vuelta”, presumió el primer ministro Edouard Philippe. Su triunfo también ha dado un impulso a una Unión Europea muy cuestionada y ha relanzado el binomio Berlín-París como motor del proyecto europeo. En estos tres meses como presidente, Macron ya se ha estrenado en cumbres internacionales como la del G7 y G20. El efecto Macron hizo incluso que Francia encabezara la lista de países más influyentes mediante el soft power, el poder de atracción y persuasión mediante factores no coercitivos.

Un otoño cargado de retos

Entre los próximos retos de Macron también está el de dar un nuevo impulso a la economía francesa. Según Emilio Serrano, politólogo y consultor de comunicación en Asesores de Comunicación Pública, “cuando sigue habiendo problemas económicos, la acción internacional no se valora de forma positiva”, Por ello, prosigue, si Macron quiere recuperar la confianza de los franceses, debe ahora “apagar los fuegos” que tiene en casa y aparcar su agenda internacional. “Francia todavía está creciendo por debajo de su potencial”, dijo el ministro de Finanzas galo, Bruno Le Maire, hace unos días en una entrevista con Bloomberg. El Gobierno francés mantiene su previsión de crecimiento del 1,5% para el 2017, aunque según Le Maire, “Francia debe hacerlo mejor que sus principales socios, como Alemania, y no peor. Ese es nuestro objetivo y lo conseguiremos”.

La negociación de los Presupuestos de 2018, donde la única partida que no sufrirá recortes será la de defensa, también hace augurar un otoño caliente para el nuevo inquilino del Elíseo. En ellos Macron tendrá que contemplar las exigencias de Bruselas, que reclama que Francia reduzca su déficit público por debajo del 3%. Respecto a su agenda exterior, se reunirá el 28 de este mes en París con Merkel, Rajoy y Gentiloni y el 18 de septiembre con la Asamblea General de la ONU en Nueva York.

Sofía Vila

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